Los rebeldes encapuchados están alrededor del rehén y le entregan un papel, le quitan la venda y le piden que lea la proclama ante las cámaras. Con la voz quebrada por el horror, implora y suplica misericordia al primer ministro de su país, y le pide que conceda el petitorio de los rebeldes y salve su vida. Los familiares y el mundo se horrorizan, claman piedad y piden también al primer ministro, que salve la vida de la inocente mujer. El ministro pide a todos comprensión y valor, pero el pedido terrorista es inaceptable. Cumplido el plazo, este dominó circular de pedidos se cierra y termina, cuando el jefe de los rebeldes hace los dos últimos. Primero pide a la rehén que rece su última oración y luego pide a uno de sus soldados el sable, y con un preciso y letal sablazo, la decapita. Fin de los pedidos.