Matrimonios, locura y muerte III

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 "Todo gran amor lleva consigo el cruel pensamiento de dar muerte al objeto del amor, para que así quede ese objeto sustraído, de una vez por todas, al abominable juego del cambio: pues al amor, la mudanza lo horroriza más aún que la aniquilación" F. Nietzsche

Un postre inesperado (Buenos Aires, Noviembre de 2005)

Esta joven pareja ya lleva un buen tiempo de relación y el novio es el más ansioso por casarse; en ella no existe una pizca de ansiedad para concurrir al altar, peor aún, se ha dado cuenta que no lo ama, que ni siquiera lo quiere, y hasta cree percibir que lo detesta. Aún así –con su torpe ceguera- el insiste con la obsesión casamentera y ella no sabe como escabullirse, a menudo suele responder con divagues, con tangentes o haciéndose la distraída.  El hombre recurre a cualquier cosa para convencerla, le implora y se denigra, y esta situación le produce lo que a todas las mujeres, una mezcla de asco y lástima. El insiste que teniendo ambos la misma profesión e ideales justicieros, la felicidad está asegurada. Ella acaba de graduarse de oficial de policía y el se encuentra cursando la misma carrera. Poco a poco ella va tomando distancia de la ilusiones de él, y en este, la angustia y la desesperación van tomando cuerpo. Decidido a jugarse su destino de felicidad, piensa en cientos de razones y fundamentos que está seguro la convencerán. La invita a almorzar en un Mac Donald, un lugar que sabe a ella siempre le gustó. Comen y dialogan, y poco a poco el va introduciendo su férrea y fundamentada posición sobre el imperioso casamiento. Poco a poco también, ella va haciéndose fuerte en su posición, absolutamente contraria a las aspiraciones maritales. A la hora de los postres la situación y las posiciones están completamente definidas, y no solo eso, ella afirma que no habrá casamiento y que la relación terminará en ese mismo almuerzo. Con toda la pesadumbre y la angustia de un abandono, contrastando con ese ambiente bullicioso, con niños que brincan y gritan en un pelotero cercano, el hombre no gesticula ni se lo ve nervioso, tampoco levanta la voz, solo levanta su mano derecha empuñando una nueve milímetros y de un balazo manda a su novia al cielo y con otro más, el la acompaña.

Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados

25/01/2007 11:19 Autor: hugomitoire. #. Tema: Artículos periodísticos.

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Autor: ruben

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Fecha: 26/01/2007 11:08.


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