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Resumen

La araña y el amor fatal

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La pasión arácnida, podría remitir a una pasión como la de Romeo y Julieta, pero no es así; el amor de arañas es infinitamente más cruel y trágico que la historia de los amantes de Verona. Debemos apurarnos a decirlo, las arañas, las hembras arácnidas, son las tipas más desgraciadas y desagradecidas que existen, de eso no queda ninguna duda.

Nacen como nacen todas las arañas, y como también nace el araño, de huevos depositados en lugares abandonados o de poco tránsito. Al principio son indistinguibles, pero pasado cierto tiempo, ya es posible diferenciarlas sin ningún error, las arañas son más grandes que los araños, casi los duplican en tamaño. Lo que más sobresale o se les abulta, es la enorme cola negra enmarcada en una estrecha cintura. Al pobre machito, al arañito, ya lo asusta ver a su congénere del sexo opuesto, tan grandota y amenazante, ver esas terribles patas peludas y ese brutal trasero,

- Pero bueno, habrá que poner el pecho a las balas –dice el araño, mientras se refriega sus patitas, imaginando una intensa pasión amorosa, que se desatará luego de que le recite algunos poemas y la seduzca.

La araña, lenta y silenciosa se pasea entre las maderas viejas de esa casa abandonada. Todas son iguales, frías, indiferentes, casi inabordables, como si hubieran tenido un trauma en su niñez y odiaran a los machos. El arañito zapatea alrededor de su cortejada; con sus finas patitas y su cuerpo diminuto, da una imagen deplorable y enclenque, que solo provoca asco y desdén en la petulante araña. Pero al tipo nada le importa, ha estado esperando largos meses este momento, se ha preparado haciendo ejercicios todos los días, para dejar bien alto el honor sexual de los arañitos; ha leído infinidad de poemas que le recitará al oído, cuando los envuelva la pasión. Sabe de lo difícil y peligroso que es esa primera vez, conoce las leyendas que hablan de la insensibilidad y frialdad de las hembras, pero nada de eso lo asusta; se siente seguro y convencido que el será el primer araño en conquistar el amor de las histéricas arañas.

Y allí va nuestro enardecido galancito, corcoveando y salpicando algunas arenitas; así se le arrima a la majestuosa y exuberante araña, ella lo mira de reojo, casi con desprecio, pero tampoco tiene intenciones de rechazarlo, a ella también le ha llegado la primavera, y su despertar sexual es más fuerte que el odio hacia los araños.

El machito se para enfrente, como cortándole el paso, la mira a los ojos y le hace algunos mohines, la araña ni se mosquea, pero se da vuelta y le ofrece sus atributos.

- Se me dio, se me dio!!! –grita enloquecido de pasión, mientras empieza a susurrarle palabras de amor- ...te quiero como nunca quise a ninguna, sos la primera araña de mi vida, y te amaré por el resto de mi existencia.

- Apurate – dice la fría araña.

De un pequeño salto, el fogoso arácnido ya está en el lugar que siempre soñó estar. Grita de placer y le habla al oído palabras libidinosas, la acaricia con sus ocho raquíticas patitas, y así entre arrumaco y arrumaco, se pasan volando esos pocos segundos de placer. Pleno de gloria y satisfecho de cuerpo y alma, el arañito se tira de espaldas en la arena, y la invita,

- Vení negra, vení a mi lado...

La araña, insatisfecha, pero con el deber biológico cumplido, se da vuelta y mira al distendido machito, que plácido y sonriente le hace mohines. Se acerca lentamente, y pensando quizá en los traumas de su niñez, o en una inexorable orden atávica, o talvez arrogándose la representación de todas sus iguales, de todas las hembras de la creación, desde la mujer hasta la pulga, creyéndose la vengadora contra todo el machismo opresor y universal, sin decir una palabra, sin siquiera un gesto de emoción y con un preciso y veloz movimiento, le clava en la cabeza, su letal uña venenosa, descargando no solo su veneno, sino también su incomprensible odio. Un inútil pataleo del agónico arañito, parece ser la parte final de ese ritual amoroso que le cuesta la vida. Toda una existencia, consagrada a un solo y fatal encuentro amoroso. Mientras moribundo ya, mira a los ojos de su asesina, solo alcanza a balbucear sus últimas palabras,

- Desgraciada, son todas iguales....   

Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados (del Libro "Observación animal")

11/04/2007 10:52 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.


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