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Hugo Mitoire

El ciprés y sus amigos

El ciprés y sus amigos

En una céntrica calle de Puerto Iguazú, donde pululan día tras día cientos de pobladores nativos y extranjeros, un local comercial de aspecto común y normal, exhibe un inquietante y extraño cartel,“LOS AMIGOS DEL CIPRES” Venta de calzados. La observación del lugar en horas picos, no arroja ninguna anormalidad, las personas van y vienen, entran al negocio y en ocasiones salen con un paquete de aspecto similar a una caja de zapatos. Otras, se paran frente a la vidriera y observan lo que allí se ofrece, sin la menor señal que indique algún tipo de anormalidad. Los que caminan por la vereda opuesta, en ocasiones dirigen sus miradas hacia el negocio y el cartel, pero sus rostros no trasuntan ningún tipo de cambio y continúan caminando como si nada. En horas no picos, la observación arroja el mismo resultado.

Todo pareciera indicar, que el local comercial es uno más de los cientos que existen en esa ciudad. Nadie puede obviar la potencialidad cifrada del mensaje del cartel. A quien se le ocurre que puede crearse una asociación civil para hacerse amiga de un árbol, ¡¡¡de un solo árbol!!!. Pero aún así, si –remotamente- esto fuera posible, caemos en la macabra contradicción que encierra el conjunto de las palabras. Si suponemos que efectivamente un grupo de personas se ha reunido con el objeto de hacerse amiga de un árbol, inequívocamente debemos pensar que hay en ellos una clara intención de protección hacia el vegetal y por extensión hacia las formas vivientes del universo, son ecologistas, solidarios y buenas personas; y ¿porque entonces serían partidarios de la venta de calzados?, objetos que se obtienen a partir de la muerte de animales y extracción de sus cueros, con el agravante de que muchos de estos –verbi gracia, cocodrilos, carpinchos, iguanas, víboras etc- son capturados en forma absolutamente cruel e ilegal, y no pocas veces, asesinados a mansalva . O peor aún, muchos de estos calzados, ¿no se fabrican acaso con el caucho obtenido de productos vegetales, luego del sacrificio y maceración de nobles arbolitos?

Para completar el misterio, hemos constatado que exactamente frente al negocio, y rodeado de un pintoresco canterito pintado de amarillo, un joven y vistoso árbol se yergue con esplendorosa vitalidad. Este vegetal -lo hemos visto con nuestros propios ojos- recibe diariamente muestras de cariño por parte del dueño del negocio, quien le dedica momentos de la mañana o la tarde, ya para limpiar en el interior del canterito los residuos que suelen arrojar los transeúntes, ya para remover la tierra o para regarlo profusamente, esto último, hasta tres o cuatro veces por día.

Esta inusual muestra de cariño humano-vegetal, tiene su máxima expresión cuando en ocasiones, el propietario apoya una de sus manos –como quien acaricia una mejilla- en el enhiesto tronco, y fijando su mirada perdida en las ramas del mismo árbol o en el amarillo canterito, trasunta una profunda e inescrutable abstracción. Y nos preguntamos, ¿en que piensa el dueño del comercio?, ¿qué preocupaciones atraviesan su alma?, porque ese árbol no es un ciprés...sino un paraíso.

Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados

De “El libro de las revelaciones”

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