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Hugo Mitoire

La seriedad del perro en la canoa

La seriedad del perro en la canoa

Animal serio, lo que se dice serio, es el perro a bordo de una canoa. Es la mismísima seriedad hecha perro, un rostro rígido y severo, sin la menor mueca, ni el remoto atisbo de una leve sonrisa; con la mirada fija y concentrada en el timonel o el remero. Así vemos a un perro, en el habitáculo de esta noble y sencilla embarcación. Y nos preguntamos, tienen la misma actitud y seriedad, un gato, un pingüino, un mono, una ñacaniná o cualquier otro bicho, cuando aborda una canoa?. En absoluto. Cualquier otro animalejo cuando aborda una embarcación, se siente feliz y relajado, una sonrisa de oreja a oreja ilumina su rostro, porque la navegación es de por si una actividad relajante y antiestrés. Cualquier otro bicho disfruta de ese paseo, donde también puede pescar, esquiar o pegarse unas zambullidas en el medio del río. Y entonces, que le pasa al perro?, habrá tenido algún trauma de cachorro?, es una condición atávica ese temor al agua y la navegación?. Esto nadie lo sabe, y con lo difícil que resulta arrancarle una palabra al perro, el misterio permanecerá inescrutable.

Pero no nos conformemos con esta razonable imposibilidad y busquemos alguna aproximación. Veamos. Al perro le gusta el agua? No. No le gusta ni un poquito y sino pruebe zamparle un baldazo de agua y verá como huye agitando y sacudiendo todo su cuerpo. En ocasiones el canino profiere hacia el agresor, una especie de ladrido, mezcla de lamento y protesta. Alguien ha visto algún perro que practique natación, esqui acuático o buceo marino? No. Y nuevamente para confirmar esta aseveración, haga la siguiente prueba, tómelo por las patas traseras a su mascota y revoléela al medio del rió, laguna o tajamar, y verá como comienza a nadar con desesperación y angustia hacia la orilla, haciendo un terrible esfuerzo por mantener el hocico en la superficie. En sus ojos fijos que no pestañean, solo puede verse una cosa, pánico. En esta ocasión el perro nada en absoluto silencio y jamás emite sonido alguno ni de protesta o lamento, la razón es obvia, si ladra se ahoga.

Y si faltaba alguna cosa para afirmar nuestras sospechas, tenemos un elemento decisivo y contundente, el estilo nadador. Sin dudas esto lo delata a la legua. El estilo perrito, es la forma de nadar más ridícula que se ha visto. No solo es ridícula, es torpe, entiestética y lenta. Falta alguna otra cualidad adversa? Si, no figura como estilo en los juegos olímpicos, ni siquiera en los torneos locales o barriales. Este hecho a las claras delata inequívocamente una cosa: que el perro, desde que la evolución lo hizo perro, no tuvo en su información genética, la codificación necesaria para aprender a nadar con estilo, en sus genes no había un solo nucleótido destinado a la natación!; y que hizo entonces el perro ante este terrible error u olvido de la naturaleza?, se las amañó como pudo, y cuando el primer perro de la evolución fue revoleado al agua por algún Neandertal (o por algún otro predecesor), el pobre pichicho comenzó a patalear a tontas y locas, tratando de conservar desesperadamente su hocico fuera del agua y sin que le importe un pito ese asunto del estilo. Así nació, en tiempos inmemoriales, el denostado y humillante, estilo perrito.

Con esta especulación, creemos aproximarnos a la verdad y afirmar lo siguiente, la seriedad del perro en la canoa, se debe a que está lleno de espanto por temor a sufrir un naufragio, y que en esas circunstancias quede patéticamente expuesto, su vergonzoso estilo natatorio. Es todo.

(Nota: Nótese la seriedad del perro que ilustra el texto, que si bien no está a bordo de ninguna embarcación, tenemos la información de que la foto fue tomad minutos antes, de que el can abordara una pequeña canoa)

Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados 

De el libro “Observación animal”  

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