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Perro de sulky

 

A la hora de hablar de fidelidad, a la hora de buscar compromiso y confianza, no podemos pensar en otra cosa que no sea un perro de sulky. Sin ninguna duda, es el leal e incondicional seguidor de sulky, el seguidor por excelencia. Constante, madrugador, incansable, si señor, así es el perro de sulky.

¿Quién no habrá visto uno? Solo hay que pararse en la vereda y a los pocos minutos podremos ver pasar, en primer término, el trotecito parejo y rítmico de un sulky, y apenas atrás, o incluso a veces debajo de la carrocería, nuestro infatigable elemento perruno; cabeza gacha, cola entre las patas, y una cadencia de desplazamiento que no llega a ser trote, antes bien, es una caminata ligera, un andar apurado. Y ahí va, con sus pensamientos a cuestas, sus desdichas, sus alegrías, en fin, su perra vida.

Muchas veces nos hemos planteado, en que pensará un perro cuando, con lluvia o sol, con frío o calor, cansado o enérgico, sigue con entereza y honradamente al sulky. Nadie puede saber esto, eso es seguro, pero tal vez podría uno imaginarse viendo su andar, su mirada, la actitud ante cada parada del sulky.

Es lógico que este perro, muchas veces cansado y harto piense, "hasta cuando seguiré con esta perra vida", o  "que bueno sería que el amo se comprara una camioneta, así dejo de caminar". También están los que ya preocupados y añosos, piensan en su salud, "estas várices me están matando" o "desde mañana no camino más, no puedo más con estos callos".

En ocasiones, el sulky se detiene y el perro puede ver que su amo se pone a conversar con el conductor de otro sulky, que también se detuvo, y esta suele ser una buena oportunidad para trabar un diálogo o amistad con el perro del otro sulky. Habitualmente empiezan por olfatearse, y luego el diálogo gira en torno a temas triviales, "como andas vos?" o, "para donde están yendo ustedes?" A veces puede ocurrir, que si un perro anda muy acongojado, suelte la lengua y comience a desembuchar todo su drama, eso se hace evidente porque ambos animales se paran debajo de uno de los carruajes, y con sus hocicos casi a ras del suelo, se miran tristemente, sin mover siquiera la cola.

Una apreciación que debe tenerse siempre en cuenta, es el perro en sí, el perro como un ser único, el perro nietzcheano si cabe el término, más allá de su actividad seguidora (que es su principal característica). Un perro de sulky, es primordialmente flaco, muy flaco, sus huesos sobresalen por todas partes, pero además es maltrecho, como si le hubieran dado una buena garroteada; flaco y garroteado podría ser una definición acertada del aspecto de este perro. Su flacura no está en relación con lo que come, porque -esto hay que decirlo- comer, come muy bien. Ocurre quizá que camina tanto detrás del sulky, que las calorías gastadas son mayores a las ingeridas. Ahora, su aspecto de garroteado es un misterio (y llamativo en todos los perros de sulky) que podría tratarse lisa y llanamente de una nueva raza de perros. Su conducta es muy pacífica, casi no ladran, no se detienen en ninguna reunión perruna, ni tampoco participan de riñas callejeras.

Este perro muchas veces se pregunta, porque sigue y sigue a ese sulky, porque a veces aún enfermo o cansado, no deja de caminar tras ese carruaje. No lo sabe. Ni el propio perro sabe porque lo sigue. Es probable se dice a sí mismo, tal vez sea este mi destino, tal vez exista una orden o fuerza superior inescrutable que me ha encomendado el seguir y seguir sin razón ni objetivos al sulky. Pero si yo, perro de sulky, no sigo al sulky, ¿que otra cosa puedo hacer con mi vida?

Autor: Hugo Mitoire - Reservados todos los derechos (Del libro Observación Animal)

19/12/2007 08:24 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.

El mito del gato y el gorrión

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Un viejo mito pagano afirma que, ningún gato podrá atrapar al gorrión, cuando aquel es observado por el hombre.  Nada más cuesta para comprobarlo, que tomar el mantel con las miguitas -miguitas que han quedado del almuerzo- y sacudirlo en el patio. Estas se desperdigan de manera bastante uniforme, dando al piso un paisaje de blancos salpicones.

Todo lo que uno debe hacer después, es buscar una silla, sentarse en la galería y esperar. Al cabo de algunos segundos, o más raramente minutos, harán un silencioso aterrizaje los gorrioncillos. Es habitual que sean dos, ya que sin saberse si por amor animal o por simple casualidad, son dos los que siempre aterrizan. Con sus patitas ya sobre la superficie terrestre, pueden verse sus breves y rapidísimos movimientos, en especial de sus cabecitas, mirando aquí y allá, y en medio de estos movimientos un picotazo veloz y certero, se hace de la primera miguita. Cortos pasitos saltarines los llevan de una miguita a otra, y cada tanto, algunos aleteos que más bien parecieran una especie de estremecimientos, alternan con los demás movimientos. Así, en este inesperado y delicioso banquete están estos inocentes pajarillos, confiados y contentos. Confiados porque han visto al hombre que los observa, y al parecer ellos también están de acuerdo con el mito; y contentos porque ya han logrado el sustento diario.

El gato no tarda en aparecer. Y en contraposición con las creencias de los gorrioncillos, este gato, no cree ni al parecer le interesa un corno, aquel asunto del mito. Esto se evidencia simplemente por su actitud. Sin importarle la presencia del hombre y mucho menos que lo este mirando, el gato con su andar armónico y sigiloso (gateando), viene estirando el cuerpo, con su panza y la cola casi al ras del suelo, erizados los pelos del lomo, su mirada amarilla está clavada en la parejita voladora. 

Un breve instante de inquietud se apodera de los pajarillos, ya que sus cabeceos se han intensificados, y ya no dan picotazos a las miguitas. Esta aparente señal de alarma, al parecer no tiene la suficiente fuerza para impulsarlos a dejar el lugar, o en su defecto, es demasiado tardía. Un silencioso y fatal remolino de polvareda, plumas y miguitas, alteran la tranquilidad del patio.

Un gorrioncillo levanta raudo vuelo, al otro, se lo ha comido el gato.

 (Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados - Del libro: OBSERVACIÓN ANIMAL)

28/09/2007 10:22 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.

El lamento del carau

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No existe registro alguno en todos los estudios consultados del psicoanálisis freudiano, de alguien tan culposo, alguien tan autodestructivo y penoso, como el noble, inocente y solitario carau. Este pobre pajarraco no ha podido superar esa terrible angustia culposa, por aquella desdichada circunstancia que todos conocemos.

¿Como podía haber imaginado este pobre animalito de Dios, toda esta pesada carga que tendría como castigo por haberse desviado del camino? Pero veamos y analicemos los hechos de la forma más racional posible,

Según diversas versiones, la madre del carau enferma repentinamente, algunos hablan de una angina de pecho, los más fatalistas dicen que fue un fulminante infarto; sin embargo el debate –al principio circunscrito a vecinos y amigos-  se amplio luego y como no podía ser de otra manera, comenzaron a opinar e introducir sus bocadillos los carau galenos y aquí el asunto ya pasó de ser un chusmerío de barrio a un fino debate científico, porque las discusiones giraban acerca de la cronología de síntomas y signos, se barajaban diferentes hipótesis diagnósticas y diagnósticos diferenciales que no hacían otra cosa que multiplicar las posibilidades de las más diversas patologías. Se habló de un tromboembolismo pulmonar, de un ictus apoplético, de un mal mayor epiléptico y por supuesto no faltaron los que aseguraban que se trató simplemente de un ataque de histeria, tan común en el género femenino de la especie. Lo cierto es que, la madre cae de la rama del árbol donde se encontraba aposentada y queda tullida y postrada en una horqueta de la vegetación, el noble hijo acude presuroso en su ayuda y aquella le ordena con estridentes graznidos que vaya inmediatamente a la farmacia a traerle remedios, pero ¿qué remedios debía buscar el hijo?. Eso no lo sabemos y a ciencia cierta nunca lo sabremos. Los vecinos más chismosos y malpensados afirman que la carau se cayó de su rama, porque se había pasado con la ginebra, hecho habitual en ella porque al parecer era una alcohólica empedernida, y que lo que en realidad le pidió al hijo cuando quedó allí horquetada, fue que le trajera más ginebra y unos cigarros.

Otro hecho concreto es que el carau parte raudamente en busca de lo solicitado a eso de las nueve o diez de la noche. Volando con esa hermosa luna llena, a los pocos kilómetros y cuando surcaba los cielos a unos cincuenta metros de altura, divisa un gran mogote de algarrobos en cuyas copas había un gran revuelo y saltos de rama en rama de carau machos cabríos, graznidos y chillidos de sensuales y hermosas carau hembras, música de fondo y corría la bebida de pico en pico.

-Se armó la joda! –graznó el carau.

Sin dudarlo y sin pensar, atraído quizá por sus más bajos instintos el pajarraco puso proa al mogote y en veloz picada se lanzó al lugar de la festichola. Ni bien se posó en el follaje, fue saludado con aleteos y gorjeos por algunos conocidos y de reojo ya advirtió las lascivas miradas de algunas carau con picos de atorrantitas. A la media hora y ya casi completamente borracho bailaba en medio de tres seductoras aves, con provocativos meneos y graznidos soeces, lo que no sería otra cosa que el prometedor inicio de una partusa. Otras versiones afirman que el carau era un muchacho serio y que si bien estuvo en la fiesta, allí solo se limitó a cortejar a una excelente y formal joven carau, que se enamoró de la misma y que todo eso lo entretuvo. También se sabe que a eso de las dos de la madrugada se le acercó un carauncito amigo y le susurró al oído,

-Che carau... tu mamá murió hace media hora, tenés que volver rápido.

Y aquí nace la respuesta que inmortalizó al carau,

-Y si murió... ya murió, ya no hay nada que hacer –y dando media vuelta se entregó nuevamente al desenfreno de la fiesta.

A eso de las siete de la mañana, los intensos rayos del sol despertaron al carau que se encontraba despatarrado entre unos espartillos a orillas de una cañada, miró a su alrededor y vio algunas plumas y ropas íntimas femeninas, se frotó la cabeza con un ala y sin recordar que había hecho en ese lugar, enseguida se hizo consciente de su madre y de lo que le habían dicho.

Como puede vislumbrarse, lo único cierto que sonsacamos es que el tipo estuvo realmente en la fiesta, no puede asegurarse con quien, ni tampoco que fue lo que hizo.

Cuando levantó vuelo, la tristeza y la congoja comenzaron a invadirlo y unos lagrimones empezaron a caer desde el espacio sideral, la angustia se hizo canto con una letanía de afligidos y desolados sollozos que brotaron de su irritada laringe. En este punto los más devotos afirman que ese canto-lamento es la maldición a que el cielo lo condenó por su desvío y abandono de persona, condena que también incluye el volar solitario y la emisión regular y constante del remanido lamento.

La versión racionalista afirma sin más vueltas, que ese graznido entre falsete y balar de oveja atragantada, no es otra cosa que su canto natural, propio de quien viene de una prolongada jarana.

Así las cosas debemos preguntarnos, ¿estamos en presencia de alguien culposo y condenado a penar para toda la eternidad o simplemente escuchamos el alterado sonido que emite una laringe estropeada de tantas libaciones?

Categóricamente podemos afirmar que... no lo sabemos.

 Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados (Del Libro "Observación animal")
12/09/2007 09:49 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones Hay 1 comentario.

La araña y el amor fatal

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La pasión arácnida, podría remitir a una pasión como la de Romeo y Julieta, pero no es así; el amor de arañas es infinitamente más cruel y trágico que la historia de los amantes de Verona. Debemos apurarnos a decirlo, las arañas, las hembras arácnidas, son las tipas más desgraciadas y desagradecidas que existen, de eso no queda ninguna duda.

Nacen como nacen todas las arañas, y como también nace el araño, de huevos depositados en lugares abandonados o de poco tránsito. Al principio son indistinguibles, pero pasado cierto tiempo, ya es posible diferenciarlas sin ningún error, las arañas son más grandes que los araños, casi los duplican en tamaño. Lo que más sobresale o se les abulta, es la enorme cola negra enmarcada en una estrecha cintura. Al pobre machito, al arañito, ya lo asusta ver a su congénere del sexo opuesto, tan grandota y amenazante, ver esas terribles patas peludas y ese brutal trasero,

- Pero bueno, habrá que poner el pecho a las balas –dice el araño, mientras se refriega sus patitas, imaginando una intensa pasión amorosa, que se desatará luego de que le recite algunos poemas y la seduzca.

La araña, lenta y silenciosa se pasea entre las maderas viejas de esa casa abandonada. Todas son iguales, frías, indiferentes, casi inabordables, como si hubieran tenido un trauma en su niñez y odiaran a los machos. El arañito zapatea alrededor de su cortejada; con sus finas patitas y su cuerpo diminuto, da una imagen deplorable y enclenque, que solo provoca asco y desdén en la petulante araña. Pero al tipo nada le importa, ha estado esperando largos meses este momento, se ha preparado haciendo ejercicios todos los días, para dejar bien alto el honor sexual de los arañitos; ha leído infinidad de poemas que le recitará al oído, cuando los envuelva la pasión. Sabe de lo difícil y peligroso que es esa primera vez, conoce las leyendas que hablan de la insensibilidad y frialdad de las hembras, pero nada de eso lo asusta; se siente seguro y convencido que el será el primer araño en conquistar el amor de las histéricas arañas.

Y allí va nuestro enardecido galancito, corcoveando y salpicando algunas arenitas; así se le arrima a la majestuosa y exuberante araña, ella lo mira de reojo, casi con desprecio, pero tampoco tiene intenciones de rechazarlo, a ella también le ha llegado la primavera, y su despertar sexual es más fuerte que el odio hacia los araños.

El machito se para enfrente, como cortándole el paso, la mira a los ojos y le hace algunos mohines, la araña ni se mosquea, pero se da vuelta y le ofrece sus atributos.

- Se me dio, se me dio!!! –grita enloquecido de pasión, mientras empieza a susurrarle palabras de amor- ...te quiero como nunca quise a ninguna, sos la primera araña de mi vida, y te amaré por el resto de mi existencia.

- Apurate – dice la fría araña.

De un pequeño salto, el fogoso arácnido ya está en el lugar que siempre soñó estar. Grita de placer y le habla al oído palabras libidinosas, la acaricia con sus ocho raquíticas patitas, y así entre arrumaco y arrumaco, se pasan volando esos pocos segundos de placer. Pleno de gloria y satisfecho de cuerpo y alma, el arañito se tira de espaldas en la arena, y la invita,

- Vení negra, vení a mi lado...

La araña, insatisfecha, pero con el deber biológico cumplido, se da vuelta y mira al distendido machito, que plácido y sonriente le hace mohines. Se acerca lentamente, y pensando quizá en los traumas de su niñez, o en una inexorable orden atávica, o talvez arrogándose la representación de todas sus iguales, de todas las hembras de la creación, desde la mujer hasta la pulga, creyéndose la vengadora contra todo el machismo opresor y universal, sin decir una palabra, sin siquiera un gesto de emoción y con un preciso y veloz movimiento, le clava en la cabeza, su letal uña venenosa, descargando no solo su veneno, sino también su incomprensible odio. Un inútil pataleo del agónico arañito, parece ser la parte final de ese ritual amoroso que le cuesta la vida. Toda una existencia, consagrada a un solo y fatal encuentro amoroso. Mientras moribundo ya, mira a los ojos de su asesina, solo alcanza a balbucear sus últimas palabras,

- Desgraciada, son todas iguales....   

Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados (del Libro "Observación animal")

11/04/2007 10:52 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.

Una observación

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A veces, no siempre, uno puede estar haciendo cualquier cosa, puede ser algo importante o no, o puede incluso que uno se encuentre sin la más mínima ocupación, totalmente exento de ella, y ese instante, que solo dura algunos segundos, ocurre. No hay pródromos que puedan anunciarlo, ni siquiera algo que pueda hacer sospechar cuando se acerca. Simplemente ocurre.

Es la nada. La nada absoluta. El vacío cerebral. Una parálisis mental y espiritual. Un (si pudiera llamarse así), parate existencial. En ese instante, uno (sin saberse si como causa, o a consecuencia), maquinalmente se frota suavemente los codos, o menea apenas, el lóbulo de la oreja, y fija la mirada en cualquier objeto, persona o bestia, sin que ninguno de estos elementos, tenga alguna importancia en el episodio en sí. No es una mirada fija de concentración, al contrario, es totalmente difusa. Hay una desacomodación óptica, en que las imágenes que se captan son, las que pueden observarse a través de un vidrio mojado y esmerilado. Es un instante de no-existencia, no vital. Nadie puede recordarlo, porque nada ocurre en ese instante.

En momentos así, no es raro que algún familiar o conocido, le hable a uno o le pregunte algo, nos pregunte inclusive si nos  pasa algo, causándonos esto una inusual molestia, como si nos molestara la interrupción en ese plácido navegar por el mar etéreo de la nada. Vuelto a la existencia y estando en la misma postura, esto es, mirando cualquier cosa y rascándose los codos o la oreja, uno se hace consciente de que algo ha pasado en esos segundos previos, en algo ha estado pensando o algo habrá estado haciendo, pero no puede descifrarlo, no puede ni siquiera orientarse; y ahora con toda la racionalidad activa y la mirada concentrada en algo, pone todo su ánimo y aliento en recordar que fue lo que pasó, pero todos sus pensamientos chocan y se anulan, se disipan, o se detienen en el preciso momento en que llegó a esa posición que ahora ocupa, y el hueco mental persiste, ese vacío en nuestra existencia se hace evidente y uno frunce el ceño en un desesperado intento de saber que pasó en esos inexplicables segundos. Y así está uno por varios segundos más, poniendo todo su empeño en conocer esa partecita de nuestra vida, pero todo es inútil y la resignación se apodera de nuestro espíritu.

Es posible que muchas veces nos preguntemos, sino estaremos sufriendo la misma aflicción de una computadora cuando se tilda y hay que volver a reiniciarla para que funcione. Incluso, y ya con cierta paranoia, llegamos a pensar sino le habremos contagiado eso a nuestra noble maquinita, o lo que es peor, no nos habrá contagiado ella?.De nada vale pues, esforzarse en  recordar esos instantes, y si uno pensó o no en algo. Antes bien, es preferible seguir en la misma postura y rascarse por algunos segundos más los codos o la oreja. Volver a nuestra vida habitual, es la mejor manera de olvidar todo el asunto.

Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos Reservados

 

24/01/2007 19:25 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.

El lamento del caraun

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No existe registro alguno en todos los estudios consultados del psicoanálisis freudiano, de alguien tan culposo, alguien tan autodestructivo y penoso, como el noble, inocente y solitario carau. Este pobre pajarraco no ha podido superar esa terrible angustia culposa, por aquella desdichada circunstancia que todos conocemos.

Como podía haber imaginado este pobre animalito de Dios, toda esta pesada carga que tendría como castigo por haberse desviado del camino. Pero veamos y analicemos los hechos de la forma más racional posible,

Según diversas versiones, la madre del carau enferma repentinamente, algunos hablan de una angina de pecho, los más fatalistas dicen que fue un fulminante infarto; sin embargo el debate –al principio circunscrito a vecinos y amigos-  se amplio luego y como no podía ser de otra manera, comenzaron a opinar e introducir sus bocadillos los carau galenos y aquí el asunto ya pasó de ser un chusmerío de barrio a un fino debate científico, porque las discusiones giraban acerca de la cronología de síntomas y signos, se barajaban diferentes hipótesis diagnósticas y diagnósticos diferenciales que no hacían otra cosa que multiplicar las posibilidades de las más diversas patologías. Se habló de un tromboembolismo pulmonar, de un ictus apoplético, de un mal mayor epiléptico y por supuesto no faltaron los que aseguraban que se trató simplemente de un ataque de histeria, tan común en el género femenino de la especie. Lo cierto es que, la madre cae de la rama del árbol donde se encontraba aposentada y queda tullida y postrada en una horqueta de la vegetación, el noble hijo acude presuroso en su ayuda y aquella le ordena con estridentes graznidos que vaya inmediatamente a la farmacia a traerle remedios, pero ¿qué remedios debía buscar el hijo?. Eso no lo sabemos y a ciencia cierta nunca lo sabremos. Los vecinos más chismosos y malpensados afirman que la carau se cayó de su rama, porque se había pasado con la ginebra, hecho habitual en ella porque al parecer era una alcohólica empedernida, y que lo que en realidad le pidió al hijo cuando quedó allí horquetada, fue que le trajera más ginebra y unos cigarros.

Otro hecho concreto es que el carau parte raudamente en busca de lo solicitado a eso de las nueve o diez de la noche, volando con esa hermosa luna llena, a los pocos kilómetros y cuando surcaba los cielos a unos cincuenta metros de altura, divisa un gran mogote de algarrobos en cuyas copas había un gran revuelo y saltos de rama en rama de carau machos cabríos, graznidos y chillidos de sensuales y hermosas carau hembras, música de fondo y corría la bebida de pico en pico.

Se armó la joda! –Graznó el carau

Sin dudarlo y sin pensar, atraído quizá por sus más bajos instintos el pajarraco puso proa al mogote y en veloz picada se lanzó al lugar de la festichola. Ni bien se posó en el follaje, fue saludado con aleteos y gorjeos por algunos conocidos y de reojo ya advirtió las lascivas miradas de algunas carau con picos de atorrantitas. A la media hora y ya casi completamente borracho bailaba en medio de tres seductoras aves, con provocativos meneos y graznidos soeces, lo que no sería otra cosa que el prometedor inicio de una partusa. Otras versiones afirman que el carau era un muchacho serio y que si bien estuvo en la fiesta, allí solo se limitó a cortejar a una excelente y formal joven carau, que se enamoró de la misma y que todo eso lo entretuvo. También se sabe que a eso de las dos de la madrugada se le acercó un carauncito y le susurró al oído,

-Che carau...tu mamá murió hace media hora, tenés que volver rápido.

Y aquí nace la respuesta que inmortalizó al carau,

-Y si murió...ya murió y no hay nada que hacer –Y dando media vuelta se entregó nuevamente al desenfreno de la fiesta.

A eso de las siete de la mañana, los intensos rayos del sol despertaron al carau que se encontraba despatarrado entre unos espartillos a orillas de una cañada, miró a su alrededor y vio algunas plumas y ropas íntimas femeninas, se frotó la cabeza con un ala y sin recordar que había hecho en ese lugar, enseguida se hizo consciente de su madre y de lo que le habían dicho.

Como puede vislumbrarse, lo único cierto que sonsacamos es que el tipo estuvo realmente en la fiesta, no puede asegurarse con quien, ni tampoco que fue lo que hizo.

Cuando levantó vuelo, la tristeza y la congoja comenzaron a invadirlo y unos lagrimones empezaron a caer desde el espacio sideral, la angustia se hizo canto con una letanía de afligidos y desolados sollozos que brotaron de su irritada laringe. En este punto los más devotos afirman que ese canto-lamento es la maldición a que el cielo lo condenó por su desvío y abandono de persona, condena que también incluye el volar solitario y la emisión regular y constante del remanido lamento.

La versión racionalista afirma sin más vueltas, que ese graznido entre falsete y balar de oveja atragantada, no es otra cosa que su canto natural, propio de quien viene de una prolongada jarana.

Así las cosas debemos preguntarnos, estamos en presencia de alguien culposo y condenado a penar para toda la eternidad o simplemente escuchamos el alterado sonido que emite una laringe estropeada de tantas libaciones?

Categóricamente, podemos afirmar que no lo sabemos.

Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados 

Del libro “Observación animal”

 
23/01/2007 18:01 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.

Para el lado de los tomates

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¿Cuál habrá sido el origen de que este fruto de la tomatera, este rojo y brillante fruto, sea indicativo del camino o lugar erróneo?.

¿Quién habrá sido el primer homínido que eligió el camino de los tomates y llegó al lugar equivocado?, habrá sido el homo afarensis?, fue el hombre de Neanderthal?, o nuestro antecesor directo el sapiens sapiens?.

Lo cierto es que hoy por hoy, cualquiera que agarre para el lado de los tomates, sea camino, interpretación o destino mismo, con toda seguridad desembocará en el sitio no deseado.

Y porque el tomate está en el lugar o circunstancia hacia donde no queremos ir?.

Que pasaría si una persona indicara a otra, en forma expresa:

- Agarrá derecho para el lado de los tomates, que allí te esperaré luego del mediodía.

Que puede interpretar la otra persona, que lo está cargando, que le está marcando el camino equivocado para provocarle algún traspié, o por el contrario, le está indicando simplemente que lo espere allí, al lado del tomatal, como punto de referencia geográfico, como podría ser también, te espero cerca del maizal, o, debajo del algarrobo, o miles de otras alternativas diferentes.

Pero debemos rendirnos ante la evidencia, el lado de los tomates es y será siempre, un lugar funesto, con una terrible carga de inescrutables designios, que sin dudas resultará prudente evitarlo.

Pero, el tomate, el tomate como ser vegetal y sabroso, que culpa tiene que se lo haya tomado como símbolo de evitación?. Eso nadie lo sabe, eso es seguro, y por tanto hasta que futuras investigaciones diluciden este misterio, será aconsejable agarrar para cualquier lado, menos, para el lado de los tomates.

Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados

Del libro "Realidad vegetal"

23/01/2007 17:41 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.

La seriedad del perro en la canoa

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Animal serio, lo que se dice serio, es el perro a bordo de una canoa. Es la mismísima seriedad hecha perro, un rostro rígido y severo, sin la menor mueca, ni el remoto atisbo de una leve sonrisa; con la mirada fija y concentrada en el timonel o el remero. Así vemos a un perro, en el habitáculo de esta noble y sencilla embarcación. Y nos preguntamos, tienen la misma actitud y seriedad, un gato, un pingüino, un mono, una ñacaniná o cualquier otro bicho, cuando aborda una canoa?. En absoluto. Cualquier otro animalejo cuando aborda una embarcación, se siente feliz y relajado, una sonrisa de oreja a oreja ilumina su rostro, porque la navegación es de por si una actividad relajante y antiestrés. Cualquier otro bicho disfruta de ese paseo, donde también puede pescar, esquiar o pegarse unas zambullidas en el medio del río. Y entonces, que le pasa al perro?, habrá tenido algún trauma de cachorro?, es una condición atávica ese temor al agua y la navegación?. Esto nadie lo sabe, y con lo difícil que resulta arrancarle una palabra al perro, el misterio permanecerá inescrutable.

Pero no nos conformemos con esta razonable imposibilidad y busquemos alguna aproximación. Veamos. Al perro le gusta el agua? No. No le gusta ni un poquito y sino pruebe zamparle un baldazo de agua y verá como huye agitando y sacudiendo todo su cuerpo. En ocasiones el canino profiere hacia el agresor, una especie de ladrido, mezcla de lamento y protesta. Alguien ha visto algún perro que practique natación, esqui acuático o buceo marino? No. Y nuevamente para confirmar esta aseveración, haga la siguiente prueba, tómelo por las patas traseras a su mascota y revoléela al medio del rió, laguna o tajamar, y verá como comienza a nadar con desesperación y angustia hacia la orilla, haciendo un terrible esfuerzo por mantener el hocico en la superficie. En sus ojos fijos que no pestañean, solo puede verse una cosa, pánico. En esta ocasión el perro nada en absoluto silencio y jamás emite sonido alguno ni de protesta o lamento, la razón es obvia, si ladra se ahoga.

Y si faltaba alguna cosa para afirmar nuestras sospechas, tenemos un elemento decisivo y contundente, el estilo nadador. Sin dudas esto lo delata a la legua. El estilo perrito, es la forma de nadar más ridícula que se ha visto. No solo es ridícula, es torpe, entiestética y lenta. Falta alguna otra cualidad adversa? Si, no figura como estilo en los juegos olímpicos, ni siquiera en los torneos locales o barriales. Este hecho a las claras delata inequívocamente una cosa: que el perro, desde que la evolución lo hizo perro, no tuvo en su información genética, la codificación necesaria para aprender a nadar con estilo, en sus genes no había un solo nucleótido destinado a la natación!; y que hizo entonces el perro ante este terrible error u olvido de la naturaleza?, se las amañó como pudo, y cuando el primer perro de la evolución fue revoleado al agua por algún Neandertal (o por algún otro predecesor), el pobre pichicho comenzó a patalear a tontas y locas, tratando de conservar desesperadamente su hocico fuera del agua y sin que le importe un pito ese asunto del estilo. Así nació, en tiempos inmemoriales, el denostado y humillante, estilo perrito.

Con esta especulación, creemos aproximarnos a la verdad y afirmar lo siguiente, la seriedad del perro en la canoa, se debe a que está lleno de espanto por temor a sufrir un naufragio, y que en esas circunstancias quede patéticamente expuesto, su vergonzoso estilo natatorio. Es todo.

(Nota: Nótese la seriedad del perro que ilustra el texto, que si bien no está a bordo de ninguna embarcación, tenemos la información de que la foto fue tomad minutos antes, de que el can abordara una pequeña canoa)

Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados 

De el libro “Observación animal”  

23/01/2007 17:08 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.

Hay que regar la margarita

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La margarita: Planta herbácea de la familia de las Compuestas, de cuatro a seis decímetros de altura, con hojas casi abrazadoras, oblongas, festoneadas, hendidas en la base, y flores terminales de centro amarillo y corola blanca. Es muy común en los sembrados.

Este concepto botánico es conocido por cualquier hijo del vecino, de eso no hay dudas. Las margaritas son plantas que no faltan en ningún jardín, fondo del patio y plazas.

Todos conocemos la belleza de esta atractiva flor, en especial su tentadora corola de blancos pétalos. Una atracción irresistible es lo que se siente apenas la vemos.

Cuantas veces de niño o de grande, no hemos tenido la tentación de arrancar esta bella flor y sentado en algún murito o en el banco de una plaza comenzar a deshojarla, con el pensamiento puesto en alguna amada ilusión, repitiendo alternativamente me quiere-no me quiere. Que misterios encierra la margarita?, que impulso o deseo nos lleva a su lado?, será su forma?, será su perfume?. Por ahora no lo sabemos, y es probable que nadie lo sepa jamás, pero una cosa es segura, esos colores, esa vivacidad, ese inconfundible aroma, solo puede ser mantenida con el riego diario y profuso, en particular en zonas áridas y secas.

Una margarita, como cualquier otro ser, tiene una vida útil que debe ser aprovechada no solo por la margarita misma, sino por cualquier otro ser animal o vegetal que pueda arrimarse a ella, como una abeja, un picaflor, una rosa o un clavel. Con el tiempo la margarita se marchita, y luego ya nadie quiere acercársele.

Por eso, si quiere mantener a su margarita fresca y vital, péguele cada tanto una regadita y hágala feliz.

Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados 

Del libro “Realidad vegetal”

23/01/2007 17:06 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones Hay 1 comentario.

Una gallina honesta

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La existencia de una gallina, tiene que atravesar tal vez una de las vallas más difíciles que pueda enfrentar un ser desde su nacimiento, esto es, el vituperio, el escarnio y la murmuración, y puede casi afirmarse que (salvo ínfimas excepciones), ninguna sale indemne. Existe, debemos admitirlo, un concepto ancestral de la dudosa moral y buenas costumbres de esta apacible ave de corral.

Así es, la gallina desde que nace ya carga con esa condena, sin que esa mancha respete siquiera sus estadios previos de, polluela, pollita y polla; el estigma ha quedado tan férreamente instalado, que no hay buena conducta, ni méritos individuales que puedan revertirlos, …las gallinas son todas iguales. Su propio nombre genérico, es ya su anatema.

Y que decir entonces de esta honrada y decente gallina bataraza que tenemos ante nuestros ojos; la hemos visto nacer, rompiendo como cualquier otro polluelo el cascarón; dando sus primeros pio - pio, sin parar de estirar el cogote y abriendo su pico en espera de alimento. Hemos sido testigos del cuidado y ternura que le brindó su gallina madre, que, con sus alas como aspas de molino, protegían a ella y a sus hermanitos. El transcurrir de sus primeras semanas fue, de indudable y honroso comportamiento, correteando de aquí para allá con los demás pollitos, picoteando algún afrecho o miguitas del suelo. Y detengámonos en la etapa más importante para nuestro análisis, la adolescencia o la vida de polla. A nadie escapa los naturales trastornos hormonales y de conducta que puede sufrir cualquier polla a esta edad. Ya está correctamente emplumada, su cuerpo se ha estilizado, y su andar denota cierta sensualidad. En estas condiciones, es casi una imposición ver cuando menos, la lubricidad en la mirada de los gallos, o cuando no, algunos zapateos y roncos cánticos, como preludio ya, de deseos incontenibles; o lisa y llanamente, como antesala de una brutal y fogosa pisada. Casi todas las pollas, en esta crítica etapa, terminan (o mejor dicho se inician) en la vida alegre y casquivana, unas por simple voluntad, otras, víctimas de salvajes violaciones. En estas condiciones, es casi la regla observar, que casi todas se convierten en las gallinas que todos conocemos.

Pero en medio de toda esta adversa circunstancia, ahí va nuestra recatada gallinita, que se muestra íntegra y virtuosa. Ya puede andar caminando por el gallinero o dando vueltas por el patio, nada ni nadie la hace desviar de su vida decorosa. A su paso, puede escuchar murmurantes e indecentes cacareos, o cuando no, soportar a los gallitos más jóvenes arrastrarle el ala, y en el peor de los casos y si se quiere, como verdadera prueba de fuego, hacer frente a una lujuriosa embestida de un gallo viejo, que arremete una y otra vez, pero todo es inútil, de una manera u otra siempre logra sortear la situación.

No podemos ni debemos caer tampoco en el fanatismo, ni en la defensa acérrima, tampoco poner las manos en el fuego por esta gallinita y aseverar que siempre llevará esta vida monacal; pero lo hecho hasta aquí, el haber llegado a la vida adulta en estas condiciones, es mérito suficiente para librarla del estigma de sus congéneres.

Entonces, ante esta sólida y clara comprobación de la honra intachable (al menos de esta gallina en particular) nos preguntamos, ¿es ético - y ni tan siquiera eso - tiene sentido común, intentar mancillar a cualquiera con el odioso latiguillo, de la falsa afirmación sobre la moral gallinácea?

Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados 

Del libro "Observación animal"

23/01/2007 17:00 Autor: hugomitoire. #. Tema: Observaciones No hay comentarios. Comentar.


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