Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.
Resumen
- 23/01/2007 17:09 - El ciprés y sus amigos
- 23/01/2007 17:41 - Para el lado de los tomates
- 23/01/2007 17:45 - Anochecer de un día agitado
- 23/01/2007 17:56 - Maniobras básicas para tomar un helado (en cucurucho)
- 23/01/2007 17:59 - Claustrofobia
- 23/01/2007 18:01 - El lamento del caraun
- 23/01/2007 18:06 - Una lección de dignidad
- 23/01/2007 19:20 - Todos piden (En algún lugar de Mosul – Noviembre de 2004)
- 23/01/2007 19:22 - Un soldado equivocado (Norte de Fallujah - Noviembre 2004)
- 23/01/2007 19:23 - Las palomas
- 23/01/2007 16:37 - Viaje a destino
- 23/01/2007 16:48 - El matrimonio, la tabla periódica de los elementos y las leyes de la físico-química
- 23/01/2007 16:53 - La guerra
- 23/01/2007 17:00 - Una gallina honesta
- 23/01/2007 17:04 - El espantapájaros
- 23/01/2007 17:06 - Hay que regar la margarita
- 23/01/2007 17:08 - La seriedad del perro en la canoa
- 24/01/2007 11:44 - Un pequeño error (A media mañana en la Zona sur de Bagdag - Julio 2004)
- 24/01/2007 19:25 - Una observación
- 24/01/2007 09:23 - Viento Norte
- 24/01/2007 10:55 - Contracción y expansión
- 24/01/2007 10:57 - La carrera
- 24/01/2007 11:01 - Amor imposible
- 24/01/2007 11:03 - El gran golpe
- 24/01/2007 11:04 - La decisión
- 24/01/2007 11:06 - Confesión
- 24/01/2007 11:32 - Protesta sofocada (en tiempos de la 2da. invasión a Irak)
- 24/01/2007 11:38 - Respeto y libertad (En la prisión de Bagdag – Setiembre de 2004)
- 25/01/2007 11:11 - Matrimonios, locura y muerte II
- 25/01/2007 11:19 - Matrimonios, locura y muerte III
- 25/01/2007 10:00 - Los niños primeros (Irak. En las afueras de Bagdag - Noviembre de 2005)
- 25/01/2007 10:02 - Caribe, un paraíso para pocos
- 25/01/2007 10:06 - Londres. Todo bien (A la semana del atentado)
- 25/01/2007 10:51 - Sectas y Religiones II
- 25/01/2007 10:53 - Sectas y Religiones III
- 25/01/2007 10:56 - Sectas y Religiones I
- 31/01/2007 17:39 - Biografía
- 31/01/2007 18:14 - Matrimonios, locura y muerte I
El ciprés y sus amigos

En una céntrica calle de Puerto Iguazú, donde pululan día tras día cientos de pobladores nativos y extranjeros, un local comercial de aspecto común y normal, exhibe un inquietante y extraño cartel,“LOS AMIGOS DEL CIPRES” Venta de calzados. La observación del lugar en horas picos, no arroja ninguna anormalidad, las personas van y vienen, entran al negocio y en ocasiones salen con un paquete de aspecto similar a una caja de zapatos. Otras, se paran frente a la vidriera y observan lo que allí se ofrece, sin la menor señal que indique algún tipo de anormalidad. Los que caminan por la vereda opuesta, en ocasiones dirigen sus miradas hacia el negocio y el cartel, pero sus rostros no trasuntan ningún tipo de cambio y continúan caminando como si nada. En horas no picos, la observación arroja el mismo resultado.
Todo pareciera indicar, que el local comercial es uno más de los cientos que existen en esa ciudad. Nadie puede obviar la potencialidad cifrada del mensaje del cartel. A quien se le ocurre que puede crearse una asociación civil para hacerse amiga de un árbol, ¡¡¡de un solo árbol!!!. Pero aún así, si –remotamente- esto fuera posible, caemos en la macabra contradicción que encierra el conjunto de las palabras. Si suponemos que efectivamente un grupo de personas se ha reunido con el objeto de hacerse amiga de un árbol, inequívocamente debemos pensar que hay en ellos una clara intención de protección hacia el vegetal y por extensión hacia las formas vivientes del universo, son ecologistas, solidarios y buenas personas; y ¿porque entonces serían partidarios de la venta de calzados?, objetos que se obtienen a partir de la muerte de animales y extracción de sus cueros, con el agravante de que muchos de estos –verbi gracia, cocodrilos, carpinchos, iguanas, víboras etc- son capturados en forma absolutamente cruel e ilegal, y no pocas veces, asesinados a mansalva . O peor aún, muchos de estos calzados, ¿no se fabrican acaso con el caucho obtenido de productos vegetales, luego del sacrificio y maceración de nobles arbolitos?
Para completar el misterio, hemos constatado que exactamente frente al negocio, y rodeado de un pintoresco canterito pintado de amarillo, un joven y vistoso árbol se yergue con esplendorosa vitalidad. Este vegetal -lo hemos visto con nuestros propios ojos- recibe diariamente muestras de cariño por parte del dueño del negocio, quien le dedica momentos de la mañana o la tarde, ya para limpiar en el interior del canterito los residuos que suelen arrojar los transeúntes, ya para remover la tierra o para regarlo profusamente, esto último, hasta tres o cuatro veces por día.
Esta inusual muestra de cariño humano-vegetal, tiene su máxima expresión cuando en ocasiones, el propietario apoya una de sus manos –como quien acaricia una mejilla- en el enhiesto tronco, y fijando su mirada perdida en las ramas del mismo árbol o en el amarillo canterito, trasunta una profunda e inescrutable abstracción. Y nos preguntamos, ¿en que piensa el dueño del comercio?, ¿qué preocupaciones atraviesan su alma?, porque ese árbol no es un ciprés...sino un paraíso.
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados
De “El libro de las revelaciones”
Para el lado de los tomates

¿Cuál habrá sido el origen de que este fruto de la tomatera, este rojo y brillante fruto, sea indicativo del camino o lugar erróneo?.
¿Quién habrá sido el primer homínido que eligió el camino de los tomates y llegó al lugar equivocado?, habrá sido el homo afarensis?, fue el hombre de Neanderthal?, o nuestro antecesor directo el sapiens sapiens?.
Lo cierto es que hoy por hoy, cualquiera que agarre para el lado de los tomates, sea camino, interpretación o destino mismo, con toda seguridad desembocará en el sitio no deseado.
Y porque el tomate está en el lugar o circunstancia hacia donde no queremos ir?.Que pasaría si una persona indicara a otra, en forma expresa:
- Agarrá derecho para el lado de los tomates, que allí te esperaré luego del mediodía.
Que puede interpretar la otra persona, que lo está cargando, que le está marcando el camino equivocado para provocarle algún traspié, o por el contrario, le está indicando simplemente que lo espere allí, al lado del tomatal, como punto de referencia geográfico, como podría ser también, te espero cerca del maizal, o, debajo del algarrobo, o miles de otras alternativas diferentes.
Pero debemos rendirnos ante la evidencia, el lado de los tomates es y será siempre, un lugar funesto, con una terrible carga de inescrutables designios, que sin dudas resultará prudente evitarlo.
Pero, el tomate, el tomate como ser vegetal y sabroso, que culpa tiene que se lo haya tomado como símbolo de evitación?. Eso nadie lo sabe, eso es seguro, y por tanto hasta que futuras investigaciones diluciden este misterio, será aconsejable agarrar para cualquier lado, menos, para el lado de los tomates.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
Del libro "Realidad vegetal"
Anochecer de un día agitado

Por circunstancias que aún se tratan de establecer, la noche del veintiocho de Noviembre de mil novecientos setenta y siete, el Sr. M, a la sazón estudiante de segundo año de medicina, debió abandonar a rompe y raja, la pensión que habitaba en Mendoza casi Belgrano, a una cuadra de la Facultad. El hecho al parecer tenía raíces oscuras e inconfesables, ya que en todas las ocasiones el Sr. M evitaba hablar del tema.
Años después habría de saberse (y de fuentes poco confiables), que esa pensión era regenteada por un militar y que éste abusándose de las circunstancias, estafó a los estudiantes con el cobro adelantado de alquileres, y la posterior intimación a que desalojaran la vivienda, so pena de denunciarlos y meterlos presos por revoltosos. Estos en represalia, habrían incendiado todo el mobiliario, en la terraza del edificio.
Lo cierto es que M, hacia el anochecer de ese día, acudió presuroso a casa de su compañero de estudios, Juan Carlos, sudando y con evidentes signos de preocupación, explicó a este, la imperiosa necesidad de realizar una mudanza, y que la misma debía hacerse urgente e impostergablemente, esa misma noche. Su compañero vivía con sus padres, y tenía su propio vehículo. Poseía en ese entonces, una moderna y envidiada coupé roja (que no solo lo trasladaba de un lado para otro, sino que también, le redituaba jugosos dividendos a la hora de impresionar a sus compañeras y chicas en general).
Al cabo de media hora, y a bordo del lustroso Fiat 600, raudos partieron hacia la pensión. Cuando arribaron al lugar, otros compañeros de pensión, en medio de un febril despliegue y agitación, realizaban a toda máquina, actividades de embalaje, cargamento en vehículos, o huidas de a pie o en bicicleta con elementos personales. Lo que suele denominarse embalaje - en el caso particular de M-, consistió simplemente en embutir todas las cosas a la que te criaste y a los santos piques, en el diminuto habitáculo del vehículo. El elemento de mayores dimensiones, ya se sabe, era el colchón de una plaza, el que enrollado a manera de panqueque y atado con un cable, ocupó el asiento trasero. Luego se acomodaron una valija y un bolso mediano con todo el ropaje, y finalmente los huecos se fueron llenando con elementos menores. El calentador a gas, fue ubicado en el piso del asiento del acompañante, junto a una pequeña cacerolita, una pava y un jarro, todos estos de material alumínico; un juego de cuchillo, tenedor y cuchara (se entiende que una pieza de cada cosa), un cucharita, un colador, mate y bombilla, una lata de leche Nido pero con contenido yerbaceo, un paquete de arroz empezado, y una bolsita con algunas galletas. En el asiento fueron colocados, los cuatro tomos del Tratado de Anatomía de Testut-Latarjet, el libro de Fisiología Médica de Guyton, los dos de Química Biologica (el Niemeyer y el Marenzi), la Metamorfosis de Kafka, apuntes varios, cuadernos y chucherías en general. El único par de zapatos y las gastadas ojotas, fueron incrustados, en los pliegues del colchón. Las zapatillas Flecha, las tenía puesta. Unas bolsas de plástico, conteniendo un juego de sábanas, dos frazadas, una almohada, un mantelillo, repasadores, y trapos de piso (estos en bolsas separadas) fueron insertadas en los huecos residuales del habitáculo, habida cuenta de la maleabilidad de estos bultos. Una vieja escoba y un espejo roto, fueron descartados. Completada la carga, M se despidió a voz en cuello de sus ex-compañeros (quienes se encontraban desperdigados, en la planta baja, y el primer y segundo piso), comprometiéndose a volver a verlos muy pronto, o por lo menos, dar señales del nuevo paradero. Todos respondieron el saludo también a los gritos y con las mismas promesas. Todos se juramentaron, amistad eterna.
El rugir del Fitito, anunciaba la inminente partida, y Juan Carlos apoltronado al volante, esperaba la orden. Cuando M salió por última vez de la siniestra pensión y llegó hasta el auto (portando los últimos elementos), cayó en la cuenta que en el bólido rojo, no había lugar para él. El espacio del diminuto vehículo, estaba atiborrado hasta el techo, situación que obligó incluso a levantar los cristales - a pesar del caluroso clima veraniego- a fin de evitar extravíos de elementos durante el trayecto. Cuando M miró a Juan Carlos, el gesto de este fue elocuente y expresivo, encongiéndose de hombros y levantando las manos, - cuan creyente eleva una ofrenda -, trató de transmitirle algo así como...y que querés que le haga hermano?, no es un colectivo. De inmediato M, ordenó partida y que... lo siguiera. El auto volvió a rugir como apurando el despegue, y M inició un trotecito moderado por la vereda, translación esta que era acompañada en paralelo por el auto. El trote de M era atentamente observado y seguido por Juan Carlos, quien no conocía el destino de esa mudanza a los apurones; pero aún así, la persecución se veía facilitada, por la llamativa combinación de colores del ropaje del trotante. Este vestía una remera blanca, con la lengua de los Rolling Stones en su espalda, un pantalón corto y muy ancho de color naranja, y las blancas zapatillas Flecha sin medias, un sombrero Panamá adornaba su cabeza. Portaba en su mano izquierda, un veladorcito con pantalla azul y en la derecha, una bolsa de arpillera con algunos huesos del esqueleto humano, entre ellos el cráneo (estos elementos -velador y huesos- al parecer fueron casi olvidados, percatándose su presencia a último momento, por lo que quedaron sin posibilidades de ser embutidos en el embalaje). Con estas características, al chofer se le hacía bastante fácil distinguir al trotante, y no confundirlo entre los demás peatones.
En el trayecto, por la calle Mendoza hacia Junín, tenía a su paso, la escuela Normal y el famoso boliche KaKoSi. El trote era bastante regular, a pesar de que había que esquivar eventuales transeúntes u otros obstáculos que se encontraban en el camino, como veredas en reparación, montículos de arena, motos, personas que sentadas en silletas utilizaban las estrechísimas veredas de Corrientes, como si fuera el propio living de su casa. En ocasiones, M debía descender a la calle para más adelante retomar la vereda, o cuando no y apelando a su destreza, tener que realizar pequeños o moderados saltos, para superar inesperados y variados tipos de vallas; todo esto sin perder el ritmo del trote. Cada tanto relojeaba por sobre el hombro, verificando el acompañamiento de su mudanza. Al llegar a Mendoza y San Martín, M se detuvo en esa esquina e instruyó a Juan Carlos que diera vuelta a la manzana, para terminar el trayecto donde finalmente sería su nueva morada, una pensión por San Martín entre Mendoza y Córdoba.Velador y osario en mano, M espero a que el rojo Fiat apareciera, y ni bien llegó apuró a su amigo a bajar los bártulos.
El primero en ingresar fue M, quien avanzó unos veinte metros por una irregular galería, y allí, cerca de una ventana depositó su carga inicial; detrás de él llegó Juan Carlos portando el calentador y algunos libros, y antes de bajar las cosas al piso, preguntó a su compañero:
- Che,..cuál va a ser tu pieza?
- No..., todavía no conseguí ninguna pieza. respondió M
- Como?, y donde vas a dejar las cosas y dormir? Inquirió nuevamente.
- Bueno.., ya hablé con el dueño de la pensión, Don Ruzak, y me dio permiso para que duerma en la galería, hasta que se desocupe una cama; parece que pronto se va uno de los del fondo. Aclaró M, frotándose las manos con entusiasmo.
- Pero vos sos loco!, como vas a dormir en la galería, dejate de joder, más vale vamos a casa y te quedas unos días allí, hasta que consigas algo. Ya sabes que con mis viejos no hay problemas - sugirió Juan Carlos.
- No pasa nada, no te hagas problemas. Mejor me quedo, así ya voy conociendo a los vagos, y además apenas se desocupe una cama ya me meto, a ver si todavía me comen el lugar. Tranquilizó M. De ahí en más se dedicaron a bajar el resto de las cosas.
En esas ocupaciones estaban cuando se acercó - intrigado por la nueva llegada- uno de los inquilinos, un tal Condorito oriundo de Monte Caseros, que resultó ser compañero de ambos en la Facultad y ya se conocían de vista, se saludaron efusivamente y recordaron algunas anécdotas en común. Entre otras cosas, Condorito informó el nombre de la pensión, esta respondía al mote de Natamá (del cual, nadie tenía la más pálida idea, de lo que significaba tan rimbombante apelativo), acto seguido alentó a M sobre las características sociales de la nueva pensión, asegurándole que muy a menudo se hacían unas jodas terribles, donde se invitaban a chicas de medicina, kinesio y odonto, la música estaba asegurada, porque un tal Gradeneker - avanzado estudiante de medicina y profesor de tenis- tenía un tocadiscos fantástico, con un sonido único. Lentamente Juan Carlos, comenzó a envidiar a M.
Con la ayuda de Condorito, y mientras ya hacían planes para futuras festicholas, terminaron de bajar todos los petates. Ocupando un espacio de unos dos metros al costado de la pared, M amontonó sus pertenencias; el colchón quedó en principio sin desenrollarse y erecto, a fin de no entorpecer el tránsito por esa zona de la galería.
Al cabo de unos minutos ya se sumaron al trío, otros integrantes de la pensión. Varios resultaron ser de la misma carrera, y de estos, unos cuantos del mismo curso. Pronto hizo su aparición un pintoresco personaje, estudiante de (larga data) Veterinaria; cara de chinchudo, vos gruesa y se notaba muy canchero en temas de pensionado, respondía al mote de, Petiso Coronel. Se acercó, miró a M con cara de pocos amigos, y señalando el lugar donde estaban amontonadas las cosas, preguntó:
- Che, pendejo, vos vas a dormir acá?
- Si... - respondió este con un poco de intriga y temor.
- Mira, en esta zona da el sol toda la tarde, y el piso y las paredes quedan muy calientes, así que antes de acostarte, pegá una baldeada al piso y mojá bien las paredes, así se refresca un poco, sino te vas a cagar de calor - aconsejó.
- Bueno, gracias.
Esa primera noche, y después de ingerir algunas cervecitas con dos o tres pensionistas, M se dispuso a pernoctar. Se sentía feliz de haber conseguido un lugar donde continuar con su existencia, por sobre todo, estaba maravillado con la nueva pensión y sus nuevos amigos pensionistas. Inmerso en estas reflexiones y bastante cansado del trajín y de las emociones del día, desenrolló su colchón y extrajo las sábanas de una bolsa, armó su camastro y se frotó el cuerpo (evitando las partes pudendas) con un repelente que le prestó el Petiso Coronel. Ya acostado y mirando lontananza a través del enramado de una parra, podía divisar el cielo estrellado. Así se durmió.
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados
Del libro de relatos universitarios "Natamá. Tribulaciones de un estudiante"
Maniobras básicas para tomar un helado (en cucurucho)

Las personas en general y por extensión la población toda, pueden ser clasificadas por su actitud y conducta frente a un helado en cucurucho.
Es vital utilizar como parámetro el cartonáceo envase de aspecto bonetoide, ya que será este un elemento clave en la futura ponderación de cualidades y destrezas. Se supone además, que se trata de un método accesible y masivo a toda la civilización, ya que se estima, no existiría en todo el planeta persona alguna que deteste el helado. Para la evaluación no se admite el uso de cucharitas, ni de ningún otro tipo de adminículo complementario.
Un helado es un elemento comestible, agradable, atípico y único.Se diferencia sustancialmente de una cerveza, un guiso de porotos o de un budín de pan, por sus cualidades fisico-quimícas. Uno lo adquiere en estado sólido o semisólido y al cabo de unos segundos o minutos (dependiendo esto de la temperatura ambiente, humedad, presión de vapor, velocidad del viento, posicionamiento del individuo portador respecto a la incidencia del sol, etc.) puede pasar al estado líquido, y menos frecuentemente, al estado gaseoso, evitando así su ingestión y derivando muchas veces en consecuencias deplorables.
La habilidad y destreza de una persona puede medirse basándose en su actitud frente al elemento y su posterior conducta. Como método estándar y universal, se utiliza un cucurucho cuyo valor no exceda un dólar y que sea servido con paleta (se excluye el método cuchara-bola).
La evaluación se inicia desde el mismo momento en que el examinado solicita la adquisición del gélido elemento. Una dubitación prolongada frente al mostrador, leyendo todos los gustos que se exhiben, denota ya en el individuo un espíritu temeroso y torpe. Otros más decididos se apoyan resueltamente en el mostrador, y sin mirar cartel alguno piden:
- Vainilla y chocolate con dulce de leche.
La transferencia del elemento desde el dependiente al comprador es fundamental. Un individuo normal toma posesión del cucurucho con la mano inhábil, dejando libre la otra para maniobras complementarias. Estas maniobras pueden comprender, entre otras, la búsqueda monetaria para el pago de lo adquirido. Aquí también puede vislumbrarse el criterioso proceder del Buen Tomador de Helado. Este tiene siempre el dinero en sus bolsillos homolaterales a la mano hábil, y por lo general posee monedas o billetes de escaso valor, a fin de que ante un eventual intercambio dinerario, resulte lo más sencillo posible, y sobretodo que sea veloz. Preventivamente el individuo ya aplica unos lengüetazos al gélido montículo, a fin de regularizar bordes y eliminar zonas de transición sólido-líquido. Esto obviamente evita una de las más nefastas complicaciones: el chorreo. A diferencia de aquel, el Pésimo Tomador de Helado tiene el dinero en cualquier bolsillo, y muchas veces no recuerda ni siquiera donde, generándose así un espectáculo de lo más deprimente. Se pueden ver entonces, absurdas contorsiones y balanceos de cuerpo entero, enarbolando con una mano en alto el elemento adquirido, mientras la otra hurga en los bolsillos, buscando a tontas y ciegas el paradero de la billetera.
Dependiendo de factores externos ya señalados, aquí puede ocurrir un mayor o menor chorreo del inestable material, involucrando el cucurucho, la mano que lo sostiene, el antebrazo, el codo, la ropa del portador y finalmente el piso. El pago con valores aproximados al costo, facilita la contraentrega de la diferencia y acorta el tiempo de espera. Asimismo el abono con billetes de alto valor no genera más que contratiempos, llegando a situaciones extremas, donde el dependiente debe abandonar su puesto detrás del mostrador e ir en búsqueda del cambio al quiosco o estación de servicio más cercano. Ante hechos de esta naturaleza, puede incluso constatarse la consumición total del elemento antes del regreso del empleado con el ansiado vuelto. Un individuo normal no desatiende ni por un instante la forma y composición del helado. Con precisos lengüetazos o chupones, mantiene incólume y simétrico el montículo del gélido manjar.
Una vez superada la etapa de pago de la compra sobreviene el acto final, donde el individuo se dispone en exclusiva a la absorción-deglución del bien adquirido. Esto puede ocurrir en el mismo local de venta, los que suelen tener algunas mesas y sillas a tal efecto, puede darse también que el proceso se lleve a cabo mientras se camina despreocupadamente hacia una plaza cercana, o finalmente es posible que ocurra mientras se conduce el automóvil. En cualquier ámbito, pueden ya evidenciarse las cualidades del examinado. Un helado con asimetrías de sus formas, zonas proclives al chorreo, o cuando no con impregnación líquida del cucurucho y reblandecimiento de su estructura, delata torpeza, escaso sentido común y absoluta falta de imaginación.
El Buen Tomador, porta cuan bandera de ceremonia el preciado elemento, poniendo especial concentración en su aspecto y estado fisico-quimico. Mantiene la simetría, y la armoniosidad de sus paredes, en forma constante. Como puede observarse, no se precisa de la misma concentración y habilidad, para comer una hamburguesa o beber un licuado, que para la delicada, precisa y artística tarea de tomar un helado.
Ante la falta de destreza, conviene pues pedir el helado, en un seguro e inalterable vasito de plástico.
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados
Del libro “Común y corriente”
Claustrofobia

De niño, el Sr. M vivía obsesionado con la idea, de que un día sería enterrado sin estar completamente muerto.
Sufría con la posibilidad de despertarse dentro del ataúd, sin poder mover las manos ni los brazos, y con la tapa -en esta zona vidriada- a cinco centímetros de su rostro.
En ese instante, M era presa de un ahogo más espiritual que por la propia y supuesta falta de oxígeno.
El origen de ese padecimiento con toda seguridad, se remontaba a una tarde de verano cuando contaría seis o siete años. Esa tarde sus padres, algunos tíos y otros desconocidos, tomaban mate en el patio de su casa y M con sus hermanas y otros primos, jugaban y molestaban alrededor de aquellos. El niño nunca olvidaría, el comentario que hizo uno de sus tíos sobre una macabra noticia de la revista que hojeaba.
Che, que lo parió...vieron lo que le pasó a este tipo?
No, que le pasó? - preguntó la tía Mary – la más curiosa de toda la parentela -.
Resulta que el sereno de un cementerio de Bs. As., escucha ruidos y golpes a eso de las tres de la madrugada, y asustado se pone a recorrer con su linterna la zona de los ruidos, y nota que los golpes venían de un nicho, el mismo nicho que habían cerrado esa tarde cuando trajeron en su cajón, a uno de los muertos del día. - Narraba con cierto halo de misterio el tío lector.
Dale contá y que pasó después? - apuraba la tía Mary
Bueno, el sereno retira los ladrillos que tapiaban el boquete y sigue escuchando golpes y ruidos, y cagado en las patas va corriendo a buscar a dos conocidos del vecindario para que lo acompañen y ayuden. Entonces retiran el cajón, lo abren, y ahí si que se cagaron de en serio. Relataba con vos de ultratumba.
Y?????, que encontraron? terminá de una vez. Apuraba de nuevo la tía.
Eh!, ni se imaginan. El tipo, o sea el muerto, parece que no estaba del todo muerto. Lo enterraron vivo. Que me cuentan?
No puede ser, eso es un chisme.- Atacó el padre de M.
Dejate de pavadas, como no se van a dar cuenta, que no estaba bien muerto. Lanzó otra tía.
Dale che, contá de una vez, que encontraron para darse cuenta que no estaba bien muerto.- Dio el ultimátum, la tía Mary.
El tipo estaba todo arañado y ensangrentado, la ropa hecha flecos, y había arañazos en la tapa del cajón. Aparte la cara del tipo quedó como quien muere desesperado y llorando. Que me dicen?
El pequeño M había seguido palabra a palabra todo el relato, primero porque lo atrajo el misterio, y luego porque empezó a imaginarse a él mismo en esa situación. Desde ese día, nunca olvidaría el relato.
A los diez años hizo un pacto de sangre con su primo Sergio, de doce.
El mismo establecía que a la muerte de cualquiera de ambos, el sobreviviente se encargaría de cerciorarse que la muerte del otro fuera realmente absoluta e inmutable.
El sobreviviente tomaría los recaudos científicos necesarios, para llevar a cabo esta misión. Ambos coincidieron entonces que mantener el cajón abierto por veinticuatro horas como mínimo, eliminaba casi por completo cualquier tipo de error, pero suponían también una dificultad tener que convencer a familiares, amigos y vecinos, de tan largo velatorio a cajón abierto.
Luego de conjeturar varias alternativas, se decidieron por dos procedimientos que supusieron confiables y prácticos.
En primer término, el sobreviviente se encargaría durante todo el velatorio y disimuladamente, de pellizcar y punzar con un alfiler el cuerpo de su primo presumiblemente muerto.
Esto lo haría a intervalos de una hora aproximadamente. Observaría atentamente cualquier probable movimiento o gesto de dolor, en el rostro del muerto.
El segundo reaseguro de defunción sería claramente científico.
El sobreviviente convocaría a varios médicos por separado, a dar una opinión respecto al estado del occiso, siendo programado el último control para minutos antes que el cortejo fúnebre inicie su postrer marcha hacia el cementerio.
Durante toda su adolescencia se recordaban a menudo las directivas juramentadas y vivían despreocupadamente.
A los veinte años M cursaba ya el tercer año de Medicina y su primo era un próspero ganadero.
En la madrugada de un viernes de Abril, una tragedia los sorprendió y cambió radicalmente para ambos, el rumbo de sus vidas.
Sergio murió aplastado bajo un camión, y M quedó trágicamente desamparado y sin nadie que verificara su futura muerte.
Pese a tener ya conocimientos básicos de fisiología y patología general, a M no le hizo falta eso para darse cuenta que Sergio estaba inmutablemente muerto. Las terribles lesiones recibidas en el accidente, no daban posibilidad a ningún error.
Creyó prudente y respetuoso incumplir con el juramento y obvió por tanto, los pasos de verificación preestablecidos.
Si bien en algún momento mientras lloraba apoyado sobre el ataúd, se le cruzó por la mente el pacto de sangre, no recurrió siquiera ni a un simple pellizcón. Tampoco consultó a médico alguno.
Una duda breve y culposa lo asaltó un instante, en el preciso momento que soldaban el cajón, pero tampoco ahí cambió su decisión.
Dos o tres días después de la sepultura, se tranquilizó completamente al constatar que no habría ocurrido ningún hecho anormal en el ámbito del cementerio.
La vida de M cambió brutalmente desde la muerte de su primo. Habían crecido juntos desde la niñez, y compartieron aventuras y amarguras en los polvorientos y calurosos días de su Chaco natal.
Sergio era su mejor amigo y confidente y la persona a la que más quería. Constituía además por sobre todas las cosas, la persona más importante del mundo, era el verificador de su muerte.
Las noches de M ya no fueron las mismas, despertaba en la madrugada agitado y presa de pánico prendía la luz, se sentaba en la cama y controlaba si la ventana estaba abierta, no importando para esto ni el clima invernal. Era imperioso para M que al despertar percibiera alguna luz, un destello o una salida inmediata al exterior.
Los espacios pequeños y cerrados eran una cárcel y la oscuridad, su cruel verdugo.
Cuando por las circunstancias debía pernoctar en una habitación desconocida, controlaba rigurosamente la ventana de manera tal que esta quedara entreabierta y que a su través, se filtrara una luminosa y tranquilizadora claridad.
Siendo ya médico y en oportunidad de un congreso, compartía una habitación de hotel con dos colegas. El cansancio y el trajín de ese día le había hecho olvidar de los recaudos habituales para estos casos.
A mitad de la madrugada despertó con gran sobresalto y envuelto en una negra y espesa oscuridad. Inmediatamente sintió como una tenaza de acero lo estrangulaba, quería gritar y ni siquiera podía emitir gemido alguno. Desesperado y tratando de salir del pánico, empezó a dar manotazos a su alrededor despanzurrando veladores y otros objetos de la mesita de luz. En medio de ese espanto, creyó ver un hilo de luz en cierta zona y hacia allí corrió no sin chocar y tirar todo a su paso.
La asfixia que M sentía en su cuello era progresiva y aterradora, en este estado se aferró a las persianas de la ventana, tratando inútilmente de separar con sus dedos esas finas tablitas horizontales.
Con ese caos reinante, sus colegas se despiertan asustados y encienden la luz. Incrédulos ven a M en franca y desigual lucha con el ventanal, para separar con sus dedos -tarea de por sí imposible- las tablitas de la pesada persiana. La iluminación del recinto fue el alivio y la salvación para M, y la vuelta a la normalidad y al descanso para sus colegas. Todos volvieron a acostarse, no sin que se abrieran de par en par las ventanas.
Algunos episodios lo dejaban en el mejor de los absurdos, o simple y redondamente en un grotesco ridículo, haciendo peligrar incluso su futuro y sus planes matrimoniales. Así ocurrió una negra noche que pernoctó por primera vez en casa de los padres de una pretendida consorte. Había viajado toda la tarde llegando a destino hacia el anochecer; luego de las presentaciones formales, cena y tertulia, le fue asignado para su descanso como siempre ocurre en estos casos, la piecita del fondo. La mezcla de cansancio y expectativa, agregado a la tranquilidad de haber superado (a su criterio), ese primer test familiar, hicieron que se relajaran sus rigurosas medidas de seguridad. Apenas acostado ya se sumergió en un profundo sueño, del que despertó en medio de la madrugada envuelto en una negritud asfixiante y mortal. Con el pánico del agonizante que está siendo ejecutado, saltó de la cama y con la más aterradora desorientación quedó paralizado en el piso, rodeado de la más absoluta y espesa oscuridad; quería gritar y apenas podía emitir un primitivo gemido gutural, golpeándose con las palmas de sus manos, las regiones laterales de su cabeza y cuello y cada tanto, juntando sus manos en posición de plegaria. Perdido en esa pesadilla quería avanzar y no sabía hacia donde. Como un soldado, daba pasos enérgicos en el mismo lugar, conformando un espectáculo no ya psiquiátrico, sino deplorable. En el exacto centro de la desesperación y en un rapto de sentido común, atinó a batir palmas como único medio a su alcance para comunicarse con el resto del universo. Sin dejar de aullar inició el palmoteo, maniobra más propia de un deficiente mental, ya que estos movimientos espásticos y disarmónicos, se hacían con cada batir más enérgicos y suplicantes, conformando un cuadro verdaderamente trágico y grotesco. Era esto, en la esfera de su rudimentario pensamiento, el último y agonizante pedido de auxilio ante una muerte segura. En esta lamentable y bochornosa circunstancia fue visto por su candidata, sus padres y futuras cuñadas, quienes ante semejante barullo habían acudido presurosos en camisones y pijamas a la piecita del fondo. La increíble escena que se les presentó cuando abrieron la puerta y encendieron la luz, los dejó atónitos y sin palabras. Casi al unísono y luego de unos segundos de incredulidad, padres y hermanos dirigieron sus somnolientas miradas hacia la candidata, como interrogándola, como acusándola del porque de haber traído semejante loco a casa.
Con el paso del tiempo, las precauciones de M eran cada vez más estrictas.
No viajaba en avión, subte o ascensor. En autos de dos puertas jamás se sentaba en el asiento trasero. No dormía en piezas sin ventanas. Nunca zambullía. Los recintos asimétricos y el desorden lo agobiaban.
En las salas de cine, prudentemente ocupaba las butacas del fondo, provisto siempre e indefectiblemente, de una linterna de mano.
Y así transcurría esa existencia gris, llena de estrictas medidas y precauciones, hasta que un día conoció a una mujer que parecía haber nacido para amarlo solamente a él. En esa fugaz circunstancia, sintió que lo comprendía plenamente, que entendía y aceptaba todos sus vicios, manías y obsesiones, pero el destino le deparaba una sorpresa.
Ella era agorafóbica y la única noche de pasión, se consumó en el umbral de la puerta.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
Del libro "Mundo Neurótico"
El lamento del caraun

No existe registro alguno en todos los estudios consultados del psicoanálisis freudiano, de alguien tan culposo, alguien tan autodestructivo y penoso, como el noble, inocente y solitario carau. Este pobre pajarraco no ha podido superar esa terrible angustia culposa, por aquella desdichada circunstancia que todos conocemos.
Como podía haber imaginado este pobre animalito de Dios, toda esta pesada carga que tendría como castigo por haberse desviado del camino. Pero veamos y analicemos los hechos de la forma más racional posible,
Según diversas versiones, la madre del carau enferma repentinamente, algunos hablan de una angina de pecho, los más fatalistas dicen que fue un fulminante infarto; sin embargo el debate –al principio circunscrito a vecinos y amigos- se amplio luego y como no podía ser de otra manera, comenzaron a opinar e introducir sus bocadillos los carau galenos y aquí el asunto ya pasó de ser un chusmerío de barrio a un fino debate científico, porque las discusiones giraban acerca de la cronología de síntomas y signos, se barajaban diferentes hipótesis diagnósticas y diagnósticos diferenciales que no hacían otra cosa que multiplicar las posibilidades de las más diversas patologías. Se habló de un tromboembolismo pulmonar, de un ictus apoplético, de un mal mayor epiléptico y por supuesto no faltaron los que aseguraban que se trató simplemente de un ataque de histeria, tan común en el género femenino de la especie. Lo cierto es que, la madre cae de la rama del árbol donde se encontraba aposentada y queda tullida y postrada en una horqueta de la vegetación, el noble hijo acude presuroso en su ayuda y aquella le ordena con estridentes graznidos que vaya inmediatamente a la farmacia a traerle remedios, pero ¿qué remedios debía buscar el hijo?. Eso no lo sabemos y a ciencia cierta nunca lo sabremos. Los vecinos más chismosos y malpensados afirman que la carau se cayó de su rama, porque se había pasado con la ginebra, hecho habitual en ella porque al parecer era una alcohólica empedernida, y que lo que en realidad le pidió al hijo cuando quedó allí horquetada, fue que le trajera más ginebra y unos cigarros.
Otro hecho concreto es que el carau parte raudamente en busca de lo solicitado a eso de las nueve o diez de la noche, volando con esa hermosa luna llena, a los pocos kilómetros y cuando surcaba los cielos a unos cincuenta metros de altura, divisa un gran mogote de algarrobos en cuyas copas había un gran revuelo y saltos de rama en rama de carau machos cabríos, graznidos y chillidos de sensuales y hermosas carau hembras, música de fondo y corría la bebida de pico en pico.
Se armó la joda! –Graznó el carau
Sin dudarlo y sin pensar, atraído quizá por sus más bajos instintos el pajarraco puso proa al mogote y en veloz picada se lanzó al lugar de la festichola. Ni bien se posó en el follaje, fue saludado con aleteos y gorjeos por algunos conocidos y de reojo ya advirtió las lascivas miradas de algunas carau con picos de atorrantitas. A la media hora y ya casi completamente borracho bailaba en medio de tres seductoras aves, con provocativos meneos y graznidos soeces, lo que no sería otra cosa que el prometedor inicio de una partusa. Otras versiones afirman que el carau era un muchacho serio y que si bien estuvo en la fiesta, allí solo se limitó a cortejar a una excelente y formal joven carau, que se enamoró de la misma y que todo eso lo entretuvo. También se sabe que a eso de las dos de la madrugada se le acercó un carauncito y le susurró al oído,
-Che carau...tu mamá murió hace media hora, tenés que volver rápido.
Y aquí nace la respuesta que inmortalizó al carau,
-Y si murió...ya murió y no hay nada que hacer –Y dando media vuelta se entregó nuevamente al desenfreno de la fiesta.
A eso de las siete de la mañana, los intensos rayos del sol despertaron al carau que se encontraba despatarrado entre unos espartillos a orillas de una cañada, miró a su alrededor y vio algunas plumas y ropas íntimas femeninas, se frotó la cabeza con un ala y sin recordar que había hecho en ese lugar, enseguida se hizo consciente de su madre y de lo que le habían dicho.
Como puede vislumbrarse, lo único cierto que sonsacamos es que el tipo estuvo realmente en la fiesta, no puede asegurarse con quien, ni tampoco que fue lo que hizo.
Cuando levantó vuelo, la tristeza y la congoja comenzaron a invadirlo y unos lagrimones empezaron a caer desde el espacio sideral, la angustia se hizo canto con una letanía de afligidos y desolados sollozos que brotaron de su irritada laringe. En este punto los más devotos afirman que ese canto-lamento es la maldición a que el cielo lo condenó por su desvío y abandono de persona, condena que también incluye el volar solitario y la emisión regular y constante del remanido lamento.
La versión racionalista afirma sin más vueltas, que ese graznido entre falsete y balar de oveja atragantada, no es otra cosa que su canto natural, propio de quien viene de una prolongada jarana.
Así las cosas debemos preguntarnos, estamos en presencia de alguien culposo y condenado a penar para toda la eternidad o simplemente escuchamos el alterado sonido que emite una laringe estropeada de tantas libaciones?
Categóricamente, podemos afirmar que no lo sabemos.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
Del libro “Observación animal”
Una lección de dignidad

Una de las cosas que aprendí de chiquito, fue entender que era el asunto de la dignidad. Es una cosa sencilla, es hacer que respeten tus derechos y valores, y no dejar que venga uno y quiera hacer lo que se le da la gana con vos.
La mejor lección de eso me la dio mi papá, sin que la lección hubiera estado preparada o estudiada ni nada, solo que ocurrió un hecho y ahí entendí yo solito, de que se trataba.Yo tendría nueve o diez años y vivíamos en La Leonesa, y por ese entonces mi papá compraba pomelos que después llevábamos a Saladas en la provincia de Corrientes, allí los vendía a las fabricas de jugos como la Pindapoy y otras. Para mi era maravilloso ver como se llenaba todo el patio de mi casa de montañas de pomelos y lo más lindo era cuando había que cargar el camión y clasificar los pomelos podridos de los sanos, porque ahí aprovechábamos cuando mi papá no nos veía y nos agarrábamos con mis hermanas a los pomelazos limpios con los que estaban podridos.
Pero lo más lindo venía después, cuando mi papá contrataba un camión, lo cargábamos y partíamos hacia Corrientes, a mi me encantaba ir escuchando la conversación entre el camionero y mi papá, hablaban de futbol, del gobierno, de los paisajes y de muchas cosas más, yo también opinaba de vez en cuando; y el momento más emocionante del viaje era cuando llegábamos al Puerto Antequeras, que está sobre el Río Paraná frente a la ciudad de Corrientes, en ese entonces no había puente, así que para pasar al otro lado, todos los vehículos debían hacerlo en balsas o barcazas, y la gente que andaba a pie, en el vaporcito ¡que vida aquella, que emocionante estar esperando para subir a un barco!. Algunas veces también, mi papá mandaba al camionero solo hasta Saladas y nosotros nos íbamos en colectivo, luego cruzábamos en vaporcito, y en Corrientes otra vez en colectivo hasta Saladas. Una vez me acuerdo que paseamos unas horas por esa ciudad, que era grandísima y hermosa, y mi papá me compró un blaizer azul y un cinto supermoderno con una hebilla con la palabra Lee, ¡apenas me compró ya me puse las dos cosas, a pesar de que no hacía un pito de frío!.
Bueno la cosa era que después que llegábamos a Saladas, mi papá recorría una por una las fábricas, a ver a quien le vendía la carga, a veces nos quedábamos dos o tres días, hasta que se vendía y cobraba y todo el papeleo, ¡y eso era lo más lindo porque nos quedábamos en un hotel!, ahí te servían el desayuno con manteca y mermelada, la comida era riquísima y te hacían la cama y uno podía sentarse en las galerías o el patio lleno de plantas y pajaritos, ¡que vida emocionante!. Así transcurría toda la aventura de los pomelos y terminaba cuando volvíamos a mi casa, con algunos regalos para todos los que se quedaron.
Pero una vez la cosa no fue así, una vez todo salió para el lado de los tomates. Salimos con el camión lleno de pomelos y ya en Saladas mi papá salió a hacer su recorrida por la fabricas, al mediodía vuelve con cara de un poco afligido y me cuenta a mi y al camionero que ninguna fábrica quería pagar más de veinte centavos el kilos, cuando el precio en realidad estaba en casi sesenta centavos ¡que desgraciados los dueños de las fábricas!, lo peor era que se habían puesto de acuerdo para embromarles a todos los que llevaban a vender sus pomelos. Los tipos eran muy vivos, porque sabían que una vez que llegaste hasta Saladas con los pomelos, no te ibas a volver a tu casa con toda la carga porque no serviría de nada, entonces tendrías que venderlos a cualquier precio.
-¿Y a quien le va a vender Don Félix? -le preguntó el camionero a mi papá.
-A ninguno. -le contestó
-...Pero ¿y que vamos a hacer con toda la carga...? -volvió a preguntar
-Nos volvemos con la carga, pero yo a estos desgraciados, negreros y explotadores no les voy a regalar ni un solo pomelo ¡que se vayan al diablo! (bueno en realidad no dijo diablo, dijo otras palabras muy feas que no me animo a escribirlas).
-...Pero Don Felix, vamos a perder toda la carga, por lo menos si le vendemos por el precio que sea, salvamos los gastos...-volvió a implorar el camionero.
-Vos quedate tranquilo, que el viaje te lo voy a pagar hasta el último centavo, pero yo no voy a hacer lo que esos abusadores quieren, conmigo no van a joder.
Yo presenciaba la escena y el diálogo con mucha angustia y tenía ganas de llorar y de ir a darle unos garrotazos a los dueños de las fabricas, porque sabía lo importante que era para nosotros vender esos pomelos, o aunque sea salvar los costos de todo el viaje, pero también comprendía que lo que decía mi papá era justo y hasta me parecía sentir que con su actitud, había una especie de triunfo sobre esos desgraciados dueños de las fábricas, algo así como que si no le entregábamos los pomelos, no tendrían con que hacer jugos y mermeladas, y a la larga se fundirían.
La cosa es que al otro día emprendimos el regreso con todo nuestro camión lleno de pomelos, casi no hablamos en todo el viaje, y más o menos a la altura de Empedrado, mi papá le dijo al chofer que pare y que se meta en un terraplén que había al costado de la ruta, y allí el camionero puso su camión medio empinado, abrimos las puertas y empezó a caer la catarata de pomelos. A mi se me hizo un nudo en la garganta, pero aguanté, el camionero tenía cara de chinchudo, y mi papá creo que se sentía triunfante, y mientras caían las frutas se acomodó el sombrero y parece que les habló a los señores de las fábricas,
-¡Vengan ahora a buscar los pomelos acá, hijunagransietes! ¡yo les voy a dar ladrones hijos de mala madre! (aquí otras vez dijo palabrotas muy feas)
El asunto que cuando llegamos a La Leonesa, mi mamá y mis hermanos nos esperaban con mucha alegría, porque creían que traíamos regalos, plata y comeríamos milanesas, bifes o estofados, pero cuando les contamos lo que pasó, la alegría se les fue rapidito.
Por algún tiempo más seguimos comiendo arroz o fideos guachos, pero yo aprendí para siempre como se defiende la dignidad, y me sentía muy feliz con lo que había hecho mi papá.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
Del libro “Cuando era chico”
Todos piden (En algún lugar de Mosul – Noviembre de 2004)
Los rebeldes encapuchados están alrededor del rehén y le entregan un papel, le quitan la venda y le piden que lea la proclama ante las cámaras. Con la voz quebrada por el horror, implora y suplica misericordia al primer ministro de su país, y le pide que conceda el petitorio de los rebeldes y salve su vida. Los familiares y el mundo se horrorizan, claman piedad y piden también al primer ministro, que salve la vida de la inocente mujer. El ministro pide a todos comprensión y valor, pero el pedido terrorista es inaceptable. Cumplido el plazo, este dominó circular de pedidos se cierra y termina, cuando el jefe de los rebeldes hace los dos últimos. Primero pide a la rehén que rece su última oración y luego pide a uno de sus soldados el sable, y con un preciso y letal sablazo, la decapita. Fin de los pedidos.Un soldado equivocado (Norte de Fallujah - Noviembre 2004)

Avanza la operación “Furia Fantasma” y se cierra el cerco sobre la ciudad de Fallujah, el reducto más importante de los rebeldes; los marines ingresan a un edificio que hasta hace unos instantes, era defendido a sangre y fuego por los fanáticos islámicos. Se observan cuerpos tirados por todas partes, con agujeros y grandes heridas por los balazos y la metralla. Los soldados con sus armas listas recorren y constatan cuerpo por cuerpo para ver si queda algún sobreviviente.
- ¡¿Que pasa soldado?! –Grita el sargento.
- ¡¡Están todos muertos mi sargento!!-Grita el soldado.
De repente, un cuerpo ensangrentado y malherido parece moverse entre el revoltijo de cadáveres, el soldado se acerca velozmente apuntando con su poderoso fusil. Un lamento agónico se escucha, mientras una temblorosa mano asoma entre las mortajas.
- Sorry men. –Dice el soldado, disparando una ráfaga al pecho y corrigiendo el error inicial.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
Las palomas

Atardecía cuando el niño llegó a ese galpón abandonado. Un nudo en la garganta le ahogaba el llanto.
Estaba completamente perdido, y allí en el medio del campo, no podía orientarse hacia la casa de su abuela. Entró y se acurrucó en un rincón, y en la fría penumbra, el silencio solo era alterado por el arrullar de cientos de palomas, que posadas en lo alto de los tirantes, se inquietaron por el visitante, al instante una nube enloquecidas de estas se abalanza sobre él, que cubriéndose los ojos con sus manitas, cae envuelto en ese enjambre de pájaros. Aturdido por los graznidos y aleteos, los picotazos eran como puñales entrando en su carne, y cuando quiso defenderse y manotear, los picos asesinos empezaron a arrancarle los ojos. Una inexplicable impotencia no le permitía gritar, hasta que se esforzó, gritó y empezó a llorar, y por fin despertó.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
Viaje a destino

Una pequeña y misteriosa empresa de colectivos, de un desolado pueblo del Chaco, anuncia sus servicios con un inquietante lema, “TRANSPORTES LA URBANA - Viaje con nosotros, que siempre lo llevamos a destino”.Que clase de empresa es esa que conoce el destino de cada pasajero? Acaso son capaces de sentar a un morocha fatal, al lado de un tipo a quien el destino le tiene reservado, desesperación, locura y muerte? Estrellarían el colectivo si la muerte espera a un pasajero? Y si el destino es el arte, la ciencia o una existencia gris? Y si el inescrutable designio es el fracaso y el olvido? Que hacen?Tienen realmente poderes divinos o satánicos?, o son simplemente unos vulgares embusteros que no saben nada, y que deciden el destino de cada pasajero una vez que suben al colectivo?Si va a viajar, piénselo.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
De "El libro de las revelaciones"
El matrimonio, la tabla periódica de los elementos y las leyes de la físico-química

(Retorcida y espeluznante visión sobre el santo enlace, en la que agitando la tabla de Medeleiev con una mano y con la otra haciendo cornetita y vociferando las leyes de la fisico-química, intenta parabolizar el comportamiento de los cónyuges...con el de protones y electrones!. El tipo se ha empecinado en que los problemas matrimoniales tienen su explicación a través del Modelo atómico de Dalton)
* “Lo más razonable que se ha dicho sobre el matrimonio y el celibato es esto, hagas lo que hagas te arrepentirás” Agatha Cristie.*
Introducción
Como todos sabemos, el matrimonio es uno de los acontecimientos más trascendentales y único en su género, en la vida de cualquier individuo. Es un hecho que provoca un revoltijo de padre y señor nuestro a nivel espiritual, psíquico y físico, tanto en el hombre como en la mujer. Uno cambia de condición social, civil, financiera, anula cientos de festicholas corridas, arruina sus futuras posibilidades de seducción, malogra maravillosas vacaciones con amigos, en una palabra, cambia de una manera brutal en todos los aspectos de su existencia. Y no solo eso, se tiene además la sensación de que lo condenan a cadena perpetua sin haber cometido ningún delito, o que le asignan una custodia permanente, un contralor constante en la vida, gustos y cochinos vicios, etc. etc. Este punto de inflexión en la vida de cualquier persona, puede suceder o desencadenarse de varias formas, entre estas tenemos las genuinas y profundas ilusiones de dos jóvenes y dulces enamorados, que apasionada e irracionalmente deciden tamaño salto; o la transacción que llevan a cabo ciertas familias cuando planifican -ya por conveniencia comercial, ya cuestiones sociales o de linaje- la unión de sus hijos; o porque no, esta santa unión puede corresponder a una forma de terminar con un aburridísimo y prolongado noviazgo, donde ya no hay nada más para decirse, en este caso y luego del matrimonio, se inicia otro tipo de conversación, que en realidad se trata de un prolongado rezongo. Sea como fuere que Ud. llegue a esta nueva circunstancia existencial, a partir del preciso momento en que se da el sí, surge un ciclo en que las cosas predecible e inexorablemente comienzan a empeorar, y –exceptuando cualquier tipo de infortunio involuntario- los posibles finales pueden ser solamente tres, anótelos, - la separación - la tortura, suicidio o asesinato - la paciencia. Fuera de estas, otra salida no existe. A los fines académicos se mencionan solamente los tres grandes grupos representativos, que contienen el ciento por ciento de los casos estudiados, haciendo la salvedad que en cada uno se pueden encontrar decenas de subgrupos, subtipos y variantes combinadas, y que también son frecuentes los casos mixtos, circunstancias que pueden tener características mezcladas de dos o más de los grupos principales. Atento a que el presente libelo podría desencadenar las más variadas críticas, excomulgación, denuncias o inclusive atentados homicidas hacia el autor, ya mismo comenzamos por citar las fuentes de nuestro sólido fundamento, celebres personalidades de la literatura, la música, el arte, la filosofía, etc., quienes se han quemado las pestañas leyendo o derretido los sesos pensando sobre esta milenaria institución.
“Quien en zarzas y amores se metiere, entrará cuando quiera, mas no saldrá cuando quisiere” Plutarco.
“En todo matrimonio que ha durado más de una semana existen motivos para el divorcio. La clave consiste en encontrar siempre motivos para el matrimonio.” Robert Anderson.
“La mejor base para un matrimonio feliz es la mutua incomprensión.” Oscar Wilde
“El encanto del matrimonio es que provoca el desencanto necesario por las dos partes” Oscar Wilde
“El matrimonio acaba muchas locuras cortas con una larga estupidez” Friedrich Nietzsche.
“El matrimonio debe combatir sin tregua un monstruo que todo lo devora, la costumbre” Honoré de Balzac
“El matrimonio es como una jaula” Michel De Montaigne
“El matrimonio es un combate a ultranza antes del cual los esposos piden la bendición de Dios, porque amarse para siempre es la más temeraria de las empresas” Honoré de Balzac
“El amor viene después del matrimonio” Baudelaire
“El matrimonio es una nave en alta mar, para la que no se ha inventado todavía brújula alguna” Heinrich Heine
“El matrimonio es una barca que lleva a dos personas por un mar tormentoso” Liev Nikolaievich Tolstoi
“El matrimonio es una cadena tan pesada que para llevarla hacen falta dos personas, y a menudo, tres” Alexandre Dumas
“El matrimonio es una celada que nos tiende la naturaleza” Arthur Schonpeauer
“El matrimonio es una gran institución, por supuesto, si te gusta vivir en una institución” Groucho Marx
“El mejor matrimonio sería aquel que reuniese a una mujer ciega con un marido sordo” Michel De Montaigne
“Matrimonio: estado o condición de una comunidad que se compone de un señor, una concubina y dos esclavos, todo eso en dos personas” Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce
“Si los cónyuges no vivieran juntos abundarían más los buenos matrimonios” Friedrich Nietzsche.
“Solamente el bígamo cree de verdad en el matrimonio” Gilbert Chesterton
Con estas sesudas e incuestionables reflexiones, creemos estar a salvo de cualquier vituperio y eximidos de mayores responsabilidades civiles y penales, por tanto de aquí en más ahondaremos en pos de desentrañar esta inextricable circunstancia de carácter pandémico, que de una u otra forma afecta a todas las razas sin respetar sexo, edad, posición económica, nivel intelectual ni nada de nada. En el presente estudio se exponen cuatro tipos clásicos de matrimonios, a los que arbitrariamente hemos de denominar “modelos”, que sin dudas Ud. le encontrará -a uno a todos ellos- un terrible parecido con su propio matrimonio o con alguno del vecindario. Pero estos “modelos” para nada agotan ni representan a todos los matrimonios que existen en el planeta, lo hemos tomado siguiendo patrones de conducta más o menos clásicos y comunes, pero que en su conjunto, indudablemente contienen a la inmensa y clara mayoría de la totalidad. Asimismo se describen las características, propiedades y comportamiento de solamente cuatro átomos, a los que también hemos tomado como “modelos”, y con los cuales trazamos un paralelismo comparativo con los cuatro modelos matrimoniales. Es groseramente obvio que existen muchos átomos más, pero se han tomado solo estos para el estudio, por sus patrones de comportamiento y propiedades, que pueden representar a muchos de ellos. Quedan fuera del estudio muchos matrimonios “raros” o “no convencionales”, como también quedan excluidos, muchos átomos complejos como los lantánidos o actínidos. Ya hemos afirmado que para llegar al matrimonio existen tres puertas posibles, y que una vez dentro de éste, los senderos posibles son también tres. Ahora bien, con todo lo dicho y afirmado por nuestras ilustres personalidades, al leer esto un casado podría entrar en estado convulsivo y el futuro casamentero pondría pies en polvorosa, porque por lo visto los destinos de cualquier matrimonio son invariablemente funestos, y es entonces cuando surge claramente la pregunta esencial e inexorable: ¿porque siempre tiene que terminar para el lado de los tomates? Hasta aquí se podrá coincidir o no, uno podrá llenarse de algarabía al percibir estas verdades y otro podrá echar espuma verde de odio por las orejas; podrá deprimirse o ponerse eufórico, pero luego de unos segundos de serena reflexión, con toda seguridad agregará a la pregunta anterior otra más... ¿y que carajo tiene esto que ver con la tabla periódica y las leyes de la físico-química? Hete aquí sin más rodeos, el fundamento y explicación racional y científica de tamañas preguntas.
La tabla periódica de los elementos y las leyes de la fisico-química
Comenzaremos con un enunciado sin dudas revolucionario,
“Todo matrimonio tiene un estricto comportamiento atómico y acorde a las leyes físico-química que gobiernan y determinan la existencia atómica. De acuerdo a su naturaleza y propiedades, cada matrimonio puede ser ubicado en algún casillero de la tabla periódica”, para decirlo en pocas palabras, “todo matrimonio es un átomo”.
La tabla periódica de los elementos, es una ordenación de los más de cien elementos primordiales del universo, en ella la ubicación de cada elemento responde a propiedades, características, naturaleza y leyes fisico-químicas. Cada elemento está representado por un átomo, que es la partícula más pequeña capaz de representar completamente a dicho elemento. Cualquiera que haya llegado a tercer año de la secundaria sabe como está constituido un átomo, este posee un núcleo y una órbita. El núcleo es el centro y la órbita la periferia. Comparado con el sistema solar, el núcleo sería el sol y los electrones los planetas. Esta es la genial Teoría atómica de Dalton. En el núcleo encontramos a los protones de carga positiva y los neutrones sin carga eléctrica, pero para el caso olvidemos a estos. En la órbita están los electrones que tienen carga negativa y que giran circular o elípticamente alrededor del núcleo. Existen varias órbitas concéntricas alrededor del núcleo y que se ubican alejándose del centro. Se las identifica con números, la número uno es la que está mas cerca del núcleo, la numero dos un poco más alejada y así sucesivamente. El electrón gira alrededor del núcleo en una órbita determinada, y se mantiene en esta equilibrado por dos fuerzas contrapuestas, la de atracción electrostática por el núcleo (positivo atrae a negativo), y la fuerza centrífuga dada por la misma fuerza de giro y que tiende a alejar al electrón de su núcleo. La fuerza de atracción entre el protón y el electrón es mayor cuanto menor es la distancia núcleo-órbita, y obviamente esta fuerza decrece a medida que el electrón se encuentre en órbitas más alejadas. La configuración hipotética e ideal que tendría un átomo, sería aquella en que presentara un número igual de electrones y de protones, y por consiguiente resultara con una carga neta eléctrica cero. De hecho esto no ocurre, ya que los átomos tienden a lograr un equilibrio interno de energía, reacomodando para ello su estructura y su número de electrones, logrando así algo esencial e imperioso para su subsistencia, la estabilidad electrónica, o también llamado el estado fundamental del átomo. Para ello deben cumplir con ciertas leyes básicas de la física-quimica, una de estas es la regla del octeto (que incluye a muchos átomos pero no a todos), y significa que un átomo para alcanzar su estado fundamental o adquirir una configuración estable, debe poseer ocho electrones en su última órbita. Otra de las leyes que gobiernan esta circunstancia atómica, es la regla del dueto que impone a unos pocos átomos (a los más chicos y simples), la exigencia de tener dos electrones en su primera y única órbita. Vayamos ya mismo a la tabla periódica y analicemos algunos ejemplos.
a) El Sodio. Elemento de la familia de los metales alcalinos. Este salado elemento (en su estructura teórica) tiene once protones y once electrones, pero de hecho no es posible encontrarlo así en la naturaleza, ¿porque?. Porque esos once electrones están distribuidos en tres órbitas, existiendo en la primera y más cercana al núcleo dos, ocho en la segunda y un solo electrón en la tercera, siendo esta situación altamente inestable para el átomo, ya que el núcleo no tiene la fuerza y energía necesaria para conservar al electrón más alejado dando vueltas en la última órbita, ¿y que hace entonces?, simplemente lo deja ir, lo pierde o lo cede, se desprende de ese electrón generando un nuevo acontecimiento. Ahora el átomo de sodio tiene once protones pero solamente diez electrones y por lo tanto ya no es neutro sino que tiene predominio de cargas positivas (+1). Esta situación le ha permitido quedarse ahora con ocho electrones en la última órbita, cumpliendo así con la regla del octeto. El sodio ha logrado la estabilidad perdiendo a su amado y más alejado electrón, y comienza desde ese momento una nueva vida. En general a todos los elementos que tienen este tipo de comportamiento, se los denominan electropositivos.
b) El Cloro. Elemento no metálico perteneciente a la familia de los halógenos. También tiene un núcleo y tres órbitas, pero a diferencia del anterior, este venenoso elemento posee diecisiete protones y diecisiete electrones. Los protones ya sabemos están todos amontonados en el núcleo, y los electrones en este caso, están distribuidos de la siguiente manera, dos en la primera órbita, ocho en la segunda y siete en la tercera, y nos preguntamos, ¿existe el cloro de esta manera en la naturaleza?. No, de ninguna manera. Esta configuración teórica no es posible ya que el cloro para adquirir una configuración estable debe contener ocho electrones en su última órbita, ¿y que hace?, sencillo, capta (acepta o gana) algún electrón suelto que ande revoloteando por ahí, sin ir más lejos, podría captar el electrón que perdió el sodio y completa con este, los ocho electrones en su órbita más alejada, cumpliendo también así con la regla del octeto (ya que estamos, sirva esto como gráfica de la formación del cloruro de sodio o sal común de mesa). Con la captura de ese electrón, el cloro adquiere una nueva configuración en la que encontramos diecisiete protones y dieciocho electrones, o sea ha dejado de ser neutro y ahora hay un predominio de cargas negativas (-1). El cloro ha logrado la estabilidad sometiendo y martirizando al electrón a su órbita. A los elementos que se comportan de esta manera, se los denominan electronegativos.
c) El Neón. Elemento apacible y sonriente que pertenece a la familia de los gases nobles, raros o inertes. El neón tiene diez protones y diez electrones. Posee dos órbitas con dos electrones en la primera y ocho en la segunda. Ahá muy bonito...¿y que hace? se preguntará Ud., nada, el neón no hace absolutamente nada, se queda tal como está, ni pierde ni gana, es estable así y así se queda, sin ganar ni perder ningún electrón. Obviamente son siempre neutros porque se conserva la paridad de cargas positivas y negativas. Sin dudas aquí se da que su configuración ideal se corresponde con la real (por eso se los denomina gases ideales). Los elementos que se comportan como el equilibrado e ideal neón son pocos y puede decirse que son ejemplo de estabilidad.
d) El Hidrógeno. Elemento universal, multifacético y omnipresente, que si bien se lo ubica en la columna de la familia de los metales alcalinos, nada tiene que ver con ellos. Podríamos decir que es único en su género, es el más sencillo y primordial de los elementos del universo, es el primer elemento de la tabla periódica, y contiene solamente un protón y un electrón, ¡pero arma cada zafarrancho!. Por sus características se encuadra en la ley o regla del dueto, y en su única órbita –que contiene un solo electrón- debería contener dos para adquirir el estado fundamental y la estabilidad. De hecho, en ciertas situaciones capta un electrón transformándose en un átomo negativo (-1), ya que predominan dos a uno las cargas negativas sobre la positiva, adoptando en este caso el seudónimo de, hidruro. Pero el notable hidrógeno puede asumir otra actitud ante la vida y desprenderse de su único electrón, quedando su núcleo mono-protónico en la más absoluta y profunda de las soledades del espacio sideral, aquí el elemento toma el mote de hidrogenión y tiene una carga positiva (+1). Por último y en un alarde de adaptación y fina filosofía existencial, el hidrógeno puede también compartir un electrón con otro hidrógeno, conformando la molécula de hidrógeno (H2), estructura muy estable y neutra porque no existe predominio de ninguna carga sobre otra, los dos átomos de hidrógeno comparten sus electrones y todo el mundo feliz. Como vemos el filosófico hidrógeno puede ser negativo, positivo o ecléctico.
Bien, hasta aquí hemos dado un pantallazo de cuatro tipos de elementos que tienen comportamientos totalmente dispares entre sí, y aquí nuevamente surge una pregunta, ¿por que se comportan así? Esto podría responderse simplemente acudiendo a un principio básico de la naturaleza que también es una ley general de la química y la física, que establece que los elementos y las cosas (y también las personas) tienden al estado de reposo, o al estado de menor gasto de energía posible, lo que el vulgo conoce como “la ley del menor esfuerzo”. Esto no es otra cosa que tratar de adquirir la estabilidad y conservarla, con el menor gasto de energía posible. Esta ley madre explica que para el desdichado sodio se torna muy dificultoso, oneroso y hasta angustiante tratar de retener a su histérico y pizpireto electrón que revolotea en la última órbita. También justifica que para el posesivo cloro es fácil y rutinario, captar o ganar algún distraído electrón y completar así el octeto en su última órbita, este comportamiento negativo está en su misma naturaleza. Asimismo, este principio energético fundamenta de igual manera el proceder de los gases nobles, quienes se encuentran panchos y serenos como Dios los trajo al mundo y que no necesitan ganar ni perder nada para ser estables. Por último, también se explica así, el comportamiento y actuación del increíble hidrógeno que se adapta a cualquier situación.
El matrimonio
Esta sagrada institución....
(Nota: Bueno, si quieren saber como continúa, habrá que esperar a que se edite el libro y concurrir al kiosko más cercano a su domicilio para adquirirlo. Como comprenderán, me casé y separé dos veces y me quemé las pestañas elucubrando y escribiendo este opúsculo. y no sería justo que todo fuera gratuitamente)
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
El presente fragmento pertenece al ensayo “El matrimonio, la tabla periódica de los elementos y las leyes de la físico-química”, del Libro “Mundo Neurótico”
La guerra

Cuando era chico, una de las cosas que más me gustaba era jugar a la guerra. A la guerra, a los pistoleros, a los asaltantes o a cualquier cosa, siempre y cuando hubiera tiros, bombas y granadas.
El lugar más fantástico era la casa de mi abuelita Rufina, en Costa Iné ¡que días aquellos! ¡meta plomo todo el día!. Mi abuelita vivía en el campo, y había muchos galpones de algodón, estufas del tabaco, gallineros, corrales, arboledas, mogotes, chacras, acoplados abandonados ¡que lugar maravilloso!. Lo más lindo sucedía cuando estábamos de vacaciones, porque ahí jugábamos todo el día y todos los días. Muchas veces ligaron unos balazos los pobres peones, que no tenían nada que ver con la guerra.
A veces yo era soldado, otras cowboys y en ocasiones asaltante, pero siempre armado hasta los dientes.
Si había que comandar un pelotón, siempre hacía de capitán o teniente como mínimo, y mis hermanas, primos y otros guerreros, eran simples soldados rasos o reclutas. A veces cuando estaba buenito, nombraba cabo o sargento a alguno de ellos. Para estas batallas solía armarme con fusil, pistola y puñal, además de algunas granadas, radio y largavista. Nosotros siempre hacíamos de ejército ruso, porque mi papá decía que en la segunda guerra mundial, el pueblo más valeroso y heroico fue el ruso, y porque fue el que más muertos tuvo de todos los países que pelearon ¡veintidós millones de muertos!. En cambio los norteamericanos, fueron los más piolas como siempre, y el país que menos muertos tuvo.
Si era un cowboys, me gustaba hacer del Llanero Solitario o Jim West, y me armaba con dos revólveres con cartucheras y cananas, y un pequeño cuchillo escondido en la media, de esta manera si me atrapaban y me ataban, yo cortaba la soga en el cuchillo escondido.
Cuando hacía de asaltante, me armaba simplemente con una pistola.
A mi me encantaban las armas, y con mis hermanas éramos los fabricantes de todo el armamento que utilizábamos en las batallas. Hacíamos fusiles, bazookas, ametralladoras, pistolas y cuchillos. Las hacíamos de madera combinando con algunos restos de otras cosas, por ejemplo, latitas, cañitos de plásticos o hierro, o cualquier chirimbolo que se adaptara a nuestros objetivos.
Muchas veces dormía con una pistola bajo la almohada, por las dudas que me atacaran de noche. Y apenas me despertaba, me ponía la pistola en la cintura y me iba a cepillar los dientes y a desayunar, pero mirando de reojo para todos lados, a ver si en una de esas el enemigo estaba en el baño o en la cocina. Yo siempre estaba en alerta máxima y caminaba con los brazos un poco separados del cuerpo, y con cara de malo, como para asustarlos si nos mirábamos.
La mayoría de las veces cuando jugábamos a la guerra mundial, lo hacíamos contra enemigos invisibles ¡que es lo más peligroso que hay!, porque los tipos pueden estar en cualquier lado. Es muy embromado combatirlos y apenas te descuidas te meten balas y granadas que hacen volar todo. Además son muy hábiles en preparar emboscadas. Estos enemigos me hirieron en algunas batallas y muchas veces mataron a varios de mis soldados.
Otra cosa importante era el ruido de los tiros o granadas. Yo siempre daba las instrucciones a mis soldados de cómo había que disparar según el arma que tenían.
Si usaban fusil, el ruido debía ser,
- Pugs! pugs! pugs!
Si era pistola,
- Bang! bang! ¡bang!
Si era ametralladora,
- Tatatatatatatatatatata!
Si era bazooka, primero el disparo, seguido de un largo silbido, hasta que el proyectil explotaba,
- Tucs! , iiiiiiuuuuuuuuuuuuuuuuuu....puuuggggsssss!!!
Si tiraban una granada, primero había que hacer el chasquido de cuando se quita el seguro,
- Chic!
Y luego de unos segundos de silencio venía el estruendo
- Tuufffsssss!
Guay! al que hacía otro ruido que no correspondiera al arma utilizada, ahí nomás lo arrestaba y ordenaba que lo ataran a algún árbol, por pavo y para que aprenda a manejar las armas como se debe.
Una vez, en una de las batallas más largas y sangrientas que tuvimos, luchamos desde las ocho de la mañana hasta el mediodía. Teníamos que tomar un galpón en manos de los alemanes, que eran unos doscientos. Fue terrible, porque primero bombardeamos con bazookas y granadas, y luego le metimos balas con fusiles y ametralladoras ¡pero se nos terminaron las balas y tuvimos que pelear cuerpo a cuerpo!. Yo ligué una puñalada en el hombro, pero pude seguir peleando. Mi hermana Laura murió en el asalto final, y la otra quedó media tonta porque le pegaron un culatazo en la cabeza (bueno pero ella ya era media tonta así que no se le notaba casi). La cosa es que los liquidamos a todos ¡matamos doscientos nazis en una mañana!.
Pero los tipos más embromados, los más terribles para la lucha, eran los japoneses ¡que lo tiró!, esos tipos son durísimos, no había forma de matarlos de un solo tiro, había que encajarle una buena ráfaga o hacerle comer una granada sin el seguro. Contra ellos tuvimos varias batallas. Una vez nos enfrentamos en un mogote donde nosotros teníamos nuestra base y nos atacaron una siesta. Era un grupo comando, unas verdaderas fieras asesinas. Serían unos cuarenta más o menos ¡pero peleaban como si fueran doscientos!. Yo tenía mi cuartel general entre las ramas de un aromito y desde ahí dirigía la batalla. Era tan encarnizada la lucha, que perdí a muchos soldados y tuve que pedir a poyo a tres pelotones aliados invisibles, y que por suerte llegaron justo cuando ya quedábamos solo tres defendiendo el mogote, mi hermana Mirta que tenía su posición en una trinchera con una ametralladora pesada, mi primo Coco que manejaba una bazooka en la orilla del tajamar y yo que daba las órdenes. Bueno, al final con la ayuda de los pelotones aliados logramos liquidarlos a casi todos. Solo quedaron vivos cinco de ellos, que encima no se querían rendir, y se entregaron cuando ya no tenían ni cascotes para tirarnos. Yo hablé por radio con el comando general y me dijeron que disponga de los prisioneros, entonces ahí nomás ordené que los fusilen. A estos tipos no hay que facilitarles, te descuidas, se escapan y arman otro pelotón y te atacan de nuevo. A llorar a la cruz mayor viejo. Lo siento mucho por las viudas y los hijitos que habrán dejado, pero la guerra es así. Además nunca fui de la idea de tomar prisioneros. Para mi el mejor enemigo, era el enemigo muerto, y por eso hacía fusilar a todos los que capturábamos. Ese día también ordené algunos ascensos, por el valor demostrado en el campo de batalla. A mi primo Coco lo ascendí a Cabo y a mi hermana Mirta a Sargento Primero. Yo me ascendí a Coronel.
Yo pienso que todos los chicos deberían jugar a la guerra, deberían ser buenos soldados con armas de juguetes, tirar muchísimos tiros de mentira y pelear cuerpo a cuerpo contra terribles enemigos invisibles, porque sino, si un niño no aprende a usar todo tipo de armas, a meter balas a diestra y siniestra; entonces cuando ya es un grandote le queda el trauma de no haber jugado ni tirado un solo tirito y ahí le vienen las ganas de ponerse a pelear. Y estas personas son las más crueles y peligrosas que puede haber, las que de chico nunca jugaron a la guerra, las que no se sacaron las ganas.
Yo me di cuenta que ya no me gustaban las armas, cuando entre al Servicio Militar, porque ahí te daban armas de verdad, de las que salen balas de plomo y matan. Yo no quería hacer el Servicio Militar, pero te obligaban, porque a algún presidente se le había ocurrido que teníamos que aprender a matar. Por suerte hoy eso ya no existe.
Un chico que no juega a la guerra y no se saca las ganas, cuando es grande puede transformarse en un hombre malo que golpea a sus hijos o a su mujer; o en un criminal que mata a algún inocente; o puede transformarse en un policía y matar a otro inocente; o lo que es muchísimo peor... puede transformarse en presidente y declarar una guerra.
Por eso mi consejo es, ser buenos guerreros hasta los doce o trece años. Meta plomo todo el día. Más de esa edad no conviene. Queda muy ridículo por ejemplo, que un hombre grande de traje y corbata, ande escondiéndose atrás de un pila de ladrillos o en los caños de las alcantarillas con una pistolita de plástico. Tampoco la pavada.
Metan tiros todos los días, así para cuando sean grandes, se le habrán terminado las balas.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
Del libro "Cuando era chico"
Una gallina honesta

La existencia de una gallina, tiene que atravesar tal vez una de las vallas más difíciles que pueda enfrentar un ser desde su nacimiento, esto es, el vituperio, el escarnio y la murmuración, y puede casi afirmarse que (salvo ínfimas excepciones), ninguna sale indemne. Existe, debemos admitirlo, un concepto ancestral de la dudosa moral y buenas costumbres de esta apacible ave de corral.
Así es, la gallina desde que nace ya carga con esa condena, sin que esa mancha respete siquiera sus estadios previos de, polluela, pollita y polla; el estigma ha quedado tan férreamente instalado, que no hay buena conducta, ni méritos individuales que puedan revertirlos, …las gallinas son todas iguales. Su propio nombre genérico, es ya su anatema.
Y que decir entonces de esta honrada y decente gallina bataraza que tenemos ante nuestros ojos; la hemos visto nacer, rompiendo como cualquier otro polluelo el cascarón; dando sus primeros pio - pio, sin parar de estirar el cogote y abriendo su pico en espera de alimento. Hemos sido testigos del cuidado y ternura que le brindó su gallina madre, que, con sus alas como aspas de molino, protegían a ella y a sus hermanitos. El transcurrir de sus primeras semanas fue, de indudable y honroso comportamiento, correteando de aquí para allá con los demás pollitos, picoteando algún afrecho o miguitas del suelo. Y detengámonos en la etapa más importante para nuestro análisis, la adolescencia o la vida de polla. A nadie escapa los naturales trastornos hormonales y de conducta que puede sufrir cualquier polla a esta edad. Ya está correctamente emplumada, su cuerpo se ha estilizado, y su andar denota cierta sensualidad. En estas condiciones, es casi una imposición ver cuando menos, la lubricidad en la mirada de los gallos, o cuando no, algunos zapateos y roncos cánticos, como preludio ya, de deseos incontenibles; o lisa y llanamente, como antesala de una brutal y fogosa pisada. Casi todas las pollas, en esta crítica etapa, terminan (o mejor dicho se inician) en la vida alegre y casquivana, unas por simple voluntad, otras, víctimas de salvajes violaciones. En estas condiciones, es casi la regla observar, que casi todas se convierten en las gallinas que todos conocemos.
Pero en medio de toda esta adversa circunstancia, ahí va nuestra recatada gallinita, que se muestra íntegra y virtuosa. Ya puede andar caminando por el gallinero o dando vueltas por el patio, nada ni nadie la hace desviar de su vida decorosa. A su paso, puede escuchar murmurantes e indecentes cacareos, o cuando no, soportar a los gallitos más jóvenes arrastrarle el ala, y en el peor de los casos y si se quiere, como verdadera prueba de fuego, hacer frente a una lujuriosa embestida de un gallo viejo, que arremete una y otra vez, pero todo es inútil, de una manera u otra siempre logra sortear la situación.
No podemos ni debemos caer tampoco en el fanatismo, ni en la defensa acérrima, tampoco poner las manos en el fuego por esta gallinita y aseverar que siempre llevará esta vida monacal; pero lo hecho hasta aquí, el haber llegado a la vida adulta en estas condiciones, es mérito suficiente para librarla del estigma de sus congéneres.
Entonces, ante esta sólida y clara comprobación de la honra intachable (al menos de esta gallina en particular) nos preguntamos, ¿es ético - y ni tan siquiera eso - tiene sentido común, intentar mancillar a cualquiera con el odioso latiguillo, de la falsa afirmación sobre la moral gallinácea?
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
Del libro "Observación animal"
El espantapájaros
En el campo todos saben, que no se debe dejar abandonado a un espantapájaros en la chacra o la huerta. Dicen que si se lo abandona, ese muñeco de trapo y madera es capaz de cobrar vida, y lo que es peor, convertirse en algo macabro y peligroso.
Es por eso que cuando una huerta o cualquier chacrita es abandonada por sus dueños, porque se mudan de lugar, o porque la tierra ya no sirve para los cultivos, o simplemente porque no tienen ni un poquito de ganas de plantar nada, lo primero que hacen es llevarse al espantapájaros y quemarlo enterito.
Pero la familia Centurión no conocía esta leyenda, nunca nadie les contó nada, y como no está escrito en ninguna parte, jamás se enteraron, hasta que ocurrió lo que ocurrió.
Ellos habían venido del sur del país, y se instalaron en el Chaco, en un lugar bastante tenebroso llamado Rincón del Zorro, un paraje cerca de Cancha Larga. El hombre era agricultor y tenía su esposa y tres hijos, de doce, ocho y cuatro años. Parece que estaban cansados de tanto frío allá en el sur, y decidieron venir para estos lados y cambiar de clima. Jamás podrían haber imaginado lo que les esperaba.
Compraron un chacrita de diez hectáreas y el hombre que era muy trabajador, sembró casi toda la tierra de algodón y girasol. Cerca de su casa preparó un lugar para tener una pequeña huerta, le puso tejido y empezó a remover la tierra. Allí plantó de todo, tomates, pimientos, lechugas, repollos, acelgas, zanahorias, porotos, arvejas y muchas cosas más, todas para consumo de la casa. Compró tres o cuatro chanchitos para cría, y unos cuantos chivos, para de vez en cuando hacer un asadito. También se aprovisionó de cinco vacas, con eso ya tenía asegurada la leche todos los días. Además la señora hacía quesos y dulce de leche casero.
Apenas las plantitas de la huerta empezaron a crecer, una infinidad de pajaritos comenzaron a invadir para comerse las hojitas o las frutitas, y cuando el hombre se dio cuenta, ya le habían comido casi toda su huerta. Una mañana parece que le dio un ataque de rabia. Salió con la escopeta 16 de dos caños, y empezó a meterles bala a todos los pájaros que estaban en la huerta. Mató a unos cuantos pero el resto se tomó el buque. Apenas el hombre se iba con su escopeta, volvían todos los pajaritos. Uno de esos días en los que estaba a los tiros, pasó por el callejón del costado de la chacra, Don Acuña, un agricultor de la zona, que sin bajarse del caballo se sacó el sombrero y lo saludó,
- Buenos días mi amigo, disculpe que me meta, no?, pero...así, a los tiros no va a ir a ninguna parte. Yo que Ud. pondría un espantapájaros y santo remedio.
- Estos pájaros ya me tienen harto...a Ud. le parece que andará eso del espantapájaros?.
- Hágame caso, fabrique un buen espantapájaros, bien grande, con muchos colores, los brazos abiertos y un sombrero de ala ancha. Ah, píntele la cara y los ojos, y una boca lo más grande posible, como que se está riendo, eso asusta mucho a los pájaros.
- Bueno, le agradezco mucho, le voy a hacer caso. Después le cuento.
Don Acuña siguió camino. El hombre ese mismo día se puso a construir el espantapájaros. Sus hijos estaban entusiasmados y lo ayudaron, jamás habían visto un muñeco tan grande...y tan terrorífico.
- Papi, me da miedo ese muñeco. –Dijo el del medio
- No seas miedoso, no ves que es de madera y trapos. –Dijo el mayor.
El más chico andaba dando vueltas toqueteando todo, y sin preguntar nada.
El hombre primero hizo una cruz, que vendría a ser como el esqueleto del muñeco, y después lo empezó a vestir, asegurando todo el cuerpo con otras maderitas, alambre y clavos.
Cuando estuvo listo, la verdad es que asustaba. Medía como dos metros de alto, y habían rellenado el pantalón y la camisa con espartillo seco, la cabeza la fabricó con una bolsa blanca que la rellenó con trapo, y le pintó de rojo la boca, la nariz y los ojos. Lo que más impresionaba era la boca, grandota, riendo y con unos dientes terribles. Le puso un sombrero de paja de ala ancha y las manos las hizo con unos guantes de color negro. El pantalón era de color azul y la camisa blanca con rayas rojas, mamita querida!!!, que miedo daba eso!!!.
Con la ayuda del hijo mayor lo llevaron y lo clavaron en el centro de la huerta. Cuando estuvo listo daba una impresión terrible, parecía que estaba vivo y vigilando toda la huerta, ni borracho se iba a acercar algún pajarraco!!!
La verdad es que desde que pusieron el espantapájaros, a la huerta no se acercaban ni los gatos ni los perros, ni nadie, y hasta la mujer del hombre tenía miedo de ir a buscar verduras. Las plantitas crecían tranquilas, y el hombre y toda su familia estaban muy contentos, Don Acuña tenía razón, no había nada mejor que ese muñeco para cuidar la huerta.
Y así crecieron las plantas cuidadas por el espantapájaros, ni una hojita o frutita fue picoteada por algún pajarillo. De vez en cuando le cambiaban el pantalón, la camisa o el sombrero, y así entre pitos y flautas habrán pasado unos tres años, hasta que al chico del medio le ocurrió ese accidente.
Fue una siesta en que el padre manejaba el tractorcito, y pasaba la rastra de discos en una zona donde iban a plantar algodón. Su hijo Silvio, el del medio, cabezudo como siempre corría detrás de la rastra metiéndole hondazos a los pajaritos, o agarrando alguna lombriz o cualquier otro bichito que se levantaba de la tierra removida. Hasta que en un momento, cuando se acercó mucho a la rastra, el padre no se dio cuenta y frenó de golpe, y el chico se estampó contra los hierros y ni los gritos desesperado de auxilio pudieron advertir al padre, que sin mirar para atrás volvió a arrancar y ahí si que vino lo peor. Una pierna quedó atrapada entre los discos de la rastra, y cuando se reanudó la marcha, ahí recién el padre se dio cuenta, paró y enloquecido se tiró del tractor para socorrer a su hijito. La cosa es que lo llevaron a Resistencia, y estuvo mucho tiempo internado, como dos o tres meses, lo operaron más de diez veces, y por suerte se recuperó.
Durante todo ese tiempo la casa quedó abandonada, porque la familia entera se había trasladado a la ciudad, y por supuesto, la huerta se arruinó, porque crecieron los pastizales, rastrojos, aparecieron gusanos, langostas, y no quedó una sola plantita o fruta, hasta el espantapájaros empezó a taparse con semejante yuyal.
Cuando la familia volvió, lo primero que hizo el hombre fue dedicarse a la chacra, que era lo más importante, y por supuesto la huerta siguió en el mismo estado de abandono.
Un día el más chico, Juan, que ya tenía como siete años, dijo,
- Mamá, el muñeco se mueve y levanta la mano, parece que me saluda...
- No hijo, no se puede mover, a lo mejor el viento lo hamaca un poco.
Y el nene, medio confundido porque no le creían, y porque veía que realmente el muñeco levantaba una mano, siguió mirando al espantapájaros. Después de almorzar todos se fueron a dormir la siesta, Silvio y Juan compartían la misma pieza. A la hora, se escucharon gritos y llantos desconsolados,
- Mamaaaaa!!, papaaaaaaaaaa!!!!!, el muñeco me quiere matar!!!!
Y los padres salieron corriendo, entraron a la pieza y vieron a Silvio sentado en su camita con cara de dormido, y a Juan, escondido debajo de la suya, llorando y pataleando.
Lo sacaron y mientras trataban de consolarlo con abrazos y caricias, le preguntaron que había pasado. El nene contó que el espantapájaros se había asomado a la ventana y tenía en su mano un machete, además dijo, que se reía y tenía la boca y los dientes muy grandes. Los padres trataron de tranquilizarlo,
- No tengas miedo hijito, ese muñeco no puede caminar ni moverse de donde está, a lo mejor solo soñaste...
- No papá, el muñeco vino a la ventana...
Entonces la madre pidió a su esposo,
- Porque no sacas de una vez por todas ese muñeco de la huerta, si total ahora no sirve para nada.
- Lo que pasa es que la otra semana ya voy a limpiar la huerta y sembraré de nuevo, así que mejor lo dejo, entonces no tengo que andar haciendo otro, que bastante trabajo me dio hacerlo.
Y lo dejó nomás, pero el nene casi todos los días hablaba del muñeco, que lo vio aquí, que lo vio allá, que se movía, que lo vio corriendo o subido a un árbol, y cosas así. Los padres ya no le hacían caso.
Hasta que una tardecita, el nene andaba con su honda por el patio y en un momento se quedo quieto, como paralizado, mirando al muñeco que estaría a unos cincuenta metros, y como si fuera una atracción misteriosa, como si lo hubiese hipnotizado, empezó a caminar en dirección al espantapájaros.
Fue la última vez que la madre vio a su hijo y en ese momento no le llamó la atención, porque andaba como todos los días de acá para allá con su honda, recorría el patio, los alrededores, la huerta, a veces se iba hasta un mogote cercano, y jamás imaginó esa pobre madre, que ese paseo era diferente y que además sería el último.
Después de un rato, el hijo más grande preguntó por Juan, y la madre le indicó para donde se había dado,
- Andá a buscarlo y decíle que venga ya para la casa porque está oscureciendo.
A los pocos minutos el mayor volvió,
- Mamá, no lo encuentro por ningún lado...
- Andá corriendo a la chacra, buscá a tu papá y contale, yo voy a ver si no anda por el mogote.
Después de dos horas de búsqueda, toda la familia lloraba angustiada.
Llamaron a unas familias de las chacras vecinas, y con linternas y radiosol, recorrieron una y otra vez todos los lugares…pero nada.
Al otro día con la ayuda de mucha gente y la policía siguieron buscando, y no encontraron ningún rastro.
A media mañana llegó Don Acuña, muy preocupado se acercó al padre del chico, y le preguntó,
- Dígame Don, y disculpe la pregunta...pero, desde cuando está ese espantapájaros abandonado?
- Desde hace unos tres meses, desde que nos fuimos a Resistencia... por qué?
- Porque nunca hay que dejar un espantapájaros abandonado, es un asunto muy peligroso.
- Y…por qué es peligroso…?
- Asegún dicen, estos bichos son capaces de tener vida, y algunos cuentan cosas muy embromadas. Yo no lo quiero asustar pero, nunca le facilite a la desgracia.
Y ahí el hombre se largó a llorar y le contó a Don Acuña las cosas que veía y contaba su hijo menor.
- Con toda seguridad que eso era así, ese chico no mentía –Respondió Don Acuña y luego preguntó- ya revisaron cerca del muñeco?
- No, no revisamos, pero pasamos por al lado y no había nada, solo estaba el muñeco clavado en la tierra.
- A mi me van a disculpar, pero yo soy muy desconfiado con estos bichos, vamos a ver de nuevo –Pidió Don Acuña.
Toda la familia y un montón de vecinos siguieron a Don Acuña. Cuando llegaron al pie del espantapájaros, empezaron a revolver los pastizales y los yuyos, hasta que el grito de la madre los paralizó a todos.
A medio metro del muñeco, debajo de unos espartillos, encontraron la honda y la bolsita de bodoques del niño.
La madre abrazando y besando esas cosas de su hijito, lloraba y suplicaba,
- Mi Juancito...por favor, quiero a mi Juancito...
Ese mismo día el padre y otros hombres del lugar, hicieron una gran fogata con el espantapájaros y el padre casi enloqueció cuando vió arder ese montón de madera y trapos, dice que escuchaba un gemido, o como un llanto ahogado, y que le parecía que era el de su hijito. Todos pensaban que realmente estaba quedando trastornado o medio loco, y no le hicieron caso.
Días después, cuando le contaron esto a Don Acuña, este dijo,
- Ese hombre no está loco, si el padre escuchó los gemidos de su hijo, con toda seguridad el espantapájaros fue quien se llevó al niño.
La cosa es que la búsqueda siguió durante un mes, y no quedó ni un pasto o árbol sin revisar en todo Rincón del Zorro y Cancha Larga, pero del niño no se encontró ni un solo rastro.
Con todo el dolor en el alma, los padres fueron a consultar otra vez a Don Acuña, para que los oriente, o para que le diga que se podía hacer.
Y Don Acuña habló de nuevo,
- Miren, yo se que para Uds. es muy doloroso lo que le voy a decir, pero para mi todo esto tiene que ver con ese muñeco desgraciao. Lo que le recomendaría es que todos los días revisen el lugar donde estaba el espantapájaros, asegún dicen siempre siguen apareciendo cosas.
Y desde ese día, cada mañana y cada tarde los padres iban al centro de la huerta a revisar.
A los cuatro días encontraron su pantaloncito y las alpargatitas y una semana después, su camisita y la gorra.
Pasaron varias semanas más sin que apareciera otro rastro. Luego de algunos meses, Juancito había desaparecido para siempre.
Autor: Hugo Mitoire - Reservado todos los derechos
Del Libro "Cuentos de terror para Franco 2"
Hay que regar la margarita

La margarita: Planta herbácea de la familia de las Compuestas, de cuatro a seis decímetros de altura, con hojas casi abrazadoras, oblongas, festoneadas, hendidas en la base, y flores terminales de centro amarillo y corola blanca. Es muy común en los sembrados.
Este concepto botánico es conocido por cualquier hijo del vecino, de eso no hay dudas. Las margaritas son plantas que no faltan en ningún jardín, fondo del patio y plazas.
Todos conocemos la belleza de esta atractiva flor, en especial su tentadora corola de blancos pétalos. Una atracción irresistible es lo que se siente apenas la vemos.
Cuantas veces de niño o de grande, no hemos tenido la tentación de arrancar esta bella flor y sentado en algún murito o en el banco de una plaza comenzar a deshojarla, con el pensamiento puesto en alguna amada ilusión, repitiendo alternativamente me quiere-no me quiere. Que misterios encierra la margarita?, que impulso o deseo nos lleva a su lado?, será su forma?, será su perfume?. Por ahora no lo sabemos, y es probable que nadie lo sepa jamás, pero una cosa es segura, esos colores, esa vivacidad, ese inconfundible aroma, solo puede ser mantenida con el riego diario y profuso, en particular en zonas áridas y secas.
Una margarita, como cualquier otro ser, tiene una vida útil que debe ser aprovechada no solo por la margarita misma, sino por cualquier otro ser animal o vegetal que pueda arrimarse a ella, como una abeja, un picaflor, una rosa o un clavel. Con el tiempo la margarita se marchita, y luego ya nadie quiere acercársele.
Por eso, si quiere mantener a su margarita fresca y vital, péguele cada tanto una regadita y hágala feliz.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
Del libro “Realidad vegetal”
La seriedad del perro en la canoa

Animal serio, lo que se dice serio, es el perro a bordo de una canoa. Es la mismísima seriedad hecha perro, un rostro rígido y severo, sin la menor mueca, ni el remoto atisbo de una leve sonrisa; con la mirada fija y concentrada en el timonel o el remero. Así vemos a un perro, en el habitáculo de esta noble y sencilla embarcación. Y nos preguntamos, tienen la misma actitud y seriedad, un gato, un pingüino, un mono, una ñacaniná o cualquier otro bicho, cuando aborda una canoa?. En absoluto. Cualquier otro animalejo cuando aborda una embarcación, se siente feliz y relajado, una sonrisa de oreja a oreja ilumina su rostro, porque la navegación es de por si una actividad relajante y antiestrés. Cualquier otro bicho disfruta de ese paseo, donde también puede pescar, esquiar o pegarse unas zambullidas en el medio del río. Y entonces, que le pasa al perro?, habrá tenido algún trauma de cachorro?, es una condición atávica ese temor al agua y la navegación?. Esto nadie lo sabe, y con lo difícil que resulta arrancarle una palabra al perro, el misterio permanecerá inescrutable.
Pero no nos conformemos con esta razonable imposibilidad y busquemos alguna aproximación. Veamos. Al perro le gusta el agua? No. No le gusta ni un poquito y sino pruebe zamparle un baldazo de agua y verá como huye agitando y sacudiendo todo su cuerpo. En ocasiones el canino profiere hacia el agresor, una especie de ladrido, mezcla de lamento y protesta. Alguien ha visto algún perro que practique natación, esqui acuático o buceo marino? No. Y nuevamente para confirmar esta aseveración, haga la siguiente prueba, tómelo por las patas traseras a su mascota y revoléela al medio del rió, laguna o tajamar, y verá como comienza a nadar con desesperación y angustia hacia la orilla, haciendo un terrible esfuerzo por mantener el hocico en la superficie. En sus ojos fijos que no pestañean, solo puede verse una cosa, pánico. En esta ocasión el perro nada en absoluto silencio y jamás emite sonido alguno ni de protesta o lamento, la razón es obvia, si ladra se ahoga.
Y si faltaba alguna cosa para afirmar nuestras sospechas, tenemos un elemento decisivo y contundente, el estilo nadador. Sin dudas esto lo delata a la legua. El estilo perrito, es la forma de nadar más ridícula que se ha visto. No solo es ridícula, es torpe, entiestética y lenta. Falta alguna otra cualidad adversa? Si, no figura como estilo en los juegos olímpicos, ni siquiera en los torneos locales o barriales. Este hecho a las claras delata inequívocamente una cosa: que el perro, desde que la evolución lo hizo perro, no tuvo en su información genética, la codificación necesaria para aprender a nadar con estilo, en sus genes no había un solo nucleótido destinado a la natación!; y que hizo entonces el perro ante este terrible error u olvido de la naturaleza?, se las amañó como pudo, y cuando el primer perro de la evolución fue revoleado al agua por algún Neandertal (o por algún otro predecesor), el pobre pichicho comenzó a patalear a tontas y locas, tratando de conservar desesperadamente su hocico fuera del agua y sin que le importe un pito ese asunto del estilo. Así nació, en tiempos inmemoriales, el denostado y humillante, estilo perrito.
Con esta especulación, creemos aproximarnos a la verdad y afirmar lo siguiente, la seriedad del perro en la canoa, se debe a que está lleno de espanto por temor a sufrir un naufragio, y que en esas circunstancias quede patéticamente expuesto, su vergonzoso estilo natatorio. Es todo.
(Nota: Nótese la seriedad del perro que ilustra el texto, que si bien no está a bordo de ninguna embarcación, tenemos la información de que la foto fue tomad minutos antes, de que el can abordara una pequeña canoa)
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
De el libro “Observación animal”
Un pequeño error (A media mañana en la Zona sur de Bagdag - Julio 2004)

Un avión F-16, vuela a gran altura sobre un barrio periférico de Bagdag, los pilotos charlan mientras alistan todos los comandos electrónicos, para disparar un misil sobre ese edificio-nido de terroristas. Observan el mapa luminoso, constatan las coordenadas y unos de ellos dice señalando un punto en la pantalla cuadriculada de su computadora,
- Este es el objetivo Mike.
- No, me parece que es este. –Dice Mike, señalando un punto a dos milímetros del anterior.
- Déjame a mi Mike -Dice John y se pone a teclear la clave de disparo, presionando acto seguido el botón rojo. En veloz trayectoria parte el cohete justiciero hacia el objetivo, trayecto que es monitoreado desde el avión y desde la propia ojiva del proyectil. A los cinco segundos el misil llega al objetivo y el edificio se hace añicos, los pilotos se chocan las manos en gesto de triunfo, y Mike dice,
- Buen lanzamiento John.
Al llegar a la base, son felicitados por todos sus compañeros. Ya en el almuerzo y mientras miran la CNN, observan imágenes de una escuela completamente destruida por un cohete, con cientos de niños muertos y despedazados. La cámara muestra, decenas de cuerpitos, bracitos y piernitas desperdigados sobre las ruinas del edificio, entre hojas, lápices, libros y cuadernos. Mike abre una lata de Budweiser, bebe algunos sorbos, y luego de lanzar un eructo, dice,
- Te lo dije John, esa era una escuela.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados.
Una observación

A veces, no siempre, uno puede estar haciendo cualquier cosa, puede ser algo importante o no, o puede incluso que uno se encuentre sin la más mínima ocupación, totalmente exento de ella, y ese instante, que solo dura algunos segundos, ocurre. No hay pródromos que puedan anunciarlo, ni siquiera algo que pueda hacer sospechar cuando se acerca. Simplemente ocurre.
Es la nada. La nada absoluta. El vacío cerebral. Una parálisis mental y espiritual. Un (si pudiera llamarse así), parate existencial. En ese instante, uno (sin saberse si como causa, o a consecuencia), maquinalmente se frota suavemente los codos, o menea apenas, el lóbulo de la oreja, y fija la mirada en cualquier objeto, persona o bestia, sin que ninguno de estos elementos, tenga alguna importancia en el episodio en sí. No es una mirada fija de concentración, al contrario, es totalmente difusa. Hay una desacomodación óptica, en que las imágenes que se captan son, las que pueden observarse a través de un vidrio mojado y esmerilado. Es un instante de no-existencia, no vital. Nadie puede recordarlo, porque nada ocurre en ese instante.
En momentos así, no es raro que algún familiar o conocido, le hable a uno o le pregunte algo, nos pregunte inclusive si nos pasa algo, causándonos esto una inusual molestia, como si nos molestara la interrupción en ese plácido navegar por el mar etéreo de la nada. Vuelto a la existencia y estando en la misma postura, esto es, mirando cualquier cosa y rascándose los codos o la oreja, uno se hace consciente de que algo ha pasado en esos segundos previos, en algo ha estado pensando o algo habrá estado haciendo, pero no puede descifrarlo, no puede ni siquiera orientarse; y ahora con toda la racionalidad activa y la mirada concentrada en algo, pone todo su ánimo y aliento en recordar que fue lo que pasó, pero todos sus pensamientos chocan y se anulan, se disipan, o se detienen en el preciso momento en que llegó a esa posición que ahora ocupa, y el hueco mental persiste, ese vacío en nuestra existencia se hace evidente y uno frunce el ceño en un desesperado intento de saber que pasó en esos inexplicables segundos. Y así está uno por varios segundos más, poniendo todo su empeño en conocer esa partecita de nuestra vida, pero todo es inútil y la resignación se apodera de nuestro espíritu.
Es posible que muchas veces nos preguntemos, sino estaremos sufriendo la misma aflicción de una computadora cuando se tilda y hay que volver a reiniciarla para que funcione. Incluso, y ya con cierta paranoia, llegamos a pensar sino le habremos contagiado eso a nuestra noble maquinita, o lo que es peor, no nos habrá contagiado ella?.De nada vale pues, esforzarse en recordar esos instantes, y si uno pensó o no en algo. Antes bien, es preferible seguir en la misma postura y rascarse por algunos segundos más los codos o la oreja. Volver a nuestra vida habitual, es la mejor manera de olvidar todo el asunto.
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos Reservados
Viento Norte

El viento norte soplaba bastante fuerte esa tarde de Enero. En el Paraje Yatay, el clima era para morirse de calor. Los veranos en el Chaco son siempre así, inaguantables. La madre lavaba las ropas en un gran fuentón, debajo del paraíso. El patio era grande, de tierra muy dura y pelada, rodeado de espartillos y todo tipo de yuyos. El ranchito estaba lejos del camino y del caserío, casi donde comienza el estero.
Esa tarde se encontraba sola, con su hijito menor de apenas unos ocho meses, muy inquieto, y como ya gateaba, andaba de aquí para allá tocando todo y queriendo llevarse a la boca cualquier cosa. La pobre madre tenía que tener mil ojos con él, más todavía desde esa vez que se tragó unas frutitas de paraíso.
Mientras fregaba la ropa, cada tanto miraba lo que hacía su bebé, que por lo visto estaba empecinado en atrapar alguna gallina, ya que las perseguía a todas, a cualquiera que se le cruzara. Claro, gateando le iba a costar un poco, pero el pequeño se divertía; y cada tanto detenía su gateo y se sentaba en medio del patio, tomaba alguna ramita o algún juguete, lo observaba, lo chupaba un poco o lo mordía, para luego tirarlo y seguir persiguiendo a las gallinas.
Una bataraza que caminaba bordeando los yuyos, empezó a ser perseguida por el nene, pera ésta, con paso tranquilo y sereno se alejó hacia el estero. El nene cabezudo y obstinado, allá fue tras la gallina. Fue un instante, donde todo parecía estar coordinado para que ocurriera, ya que la madre a su vez, se dirigía a colgar las ropas en el alambrado, que estaba a unos diez metros del patio. Fue en ese mismo instante en que la madre perdió de vista al niño, no advirtió que había salido del patio, fue un instante de distracción. Estas suelen ser las distracciones o los instantes fatales, que solo duran solo unos segundos, y ahí todo ocurre.
Primero fue un alarido largo y estremecedor, luego un interminable llanto a los gritos. La madre, como si le hubiesen clavado un cuchillo reaccionó con espanto. Tiró el fuentón con sus ropas y corrió desesperadamente hacia el lugar de los llantos. Cuando ya estaba cerca y comenzaba a divisar al niño, vio que este se revolcaba torpemente entre los yuyos y el espartillo, agitando sus manitos y sin dejar de gritar. A la madre se le heló la sangre, como si le hubiese paralizado el horror. Lanzó un grito de dolor y desesperación y empezó a suplicar a todos sus dioses, sin dejar de correr. Acercándose a su hijito no atinaba que hacer, jamás había visto una cosa así.
El nene que se revolvía en el pastizal, tenía enroscada firmemente en su mano y bracito derecho, una víbora yarará, que no paraba de morderlo en el brazo y en todas las zonas del cuerpito, al alcance de los latigazos de sus colmillos asesinos. Todos los inocentes movimientos del bracito, eran una provocación para la víbora, que se embravecía más y más. Con esa valentía y fuerza que solo tienen las madres y sin importarle ni su propia vida, se tiró sobre su hijo; con una mano tomó a la víbora de la cabeza para que no lo mordiera más, y con mucha dificultad la desenroscó, arrojándola bien lejos. Tomó a su niño en brazos, y emprendió una loca y angustiosa carrera hacia el caserío. En esos breves e interminables minutos, rezó y suplicó a todos sus santos, mientras besaba la frente del niño. Casi totalmente agotada, y faltando todavía unos cincuenta metros, sacó fuerzas de donde no tenía, y apuró más su carrera, gritando y suplicando, viendo como su hijito había empezado a hincharse, y ya no gritaba.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
(*) De “Cuentos de Terror para Franco 1”Texto seleccionado para la Antología “LEER LA ARGENTINA” del Ministerio de Educación de la Nación. Año 2005.
Contracción y expansión

El Universo los miraba con petulancia. Ellos dos tenían miradas sencillas.
- Siempre el mismo engreído... – Dijo compungido el bandoneón.
El útero, apoyando una trompa sobre el fuelle, trató de solidarizarse.
- Y no sé porque... si todos somos iguales.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados.
La carrera

- Te juego una carrera. - Dijo la liebre.
- Bueno. -Respondió la tortuga.
- ¿Te animás a mil metros?
- Si.-
- Te doy cien de ventaja.
- Bueno.
Y la tortuga que conocía las Paradojas de Zanón de Elea, ganó la carrera.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados.
Amor imposible

Ella estaba tirada en la playa, dorándose al sol y acariciada por el viento marino. Él se acercaba, al parecer con intenciones de quedarse a su lado, pero antes de llegar inmediatamente retrocedía. Parecía timidez. Después de varios intentos por acercarse, ella al fin lo vio.
-Lo nuestro no podrá ser. Pensó él, alejándose definitivamente.
La estrella de mar quedó pensativa y viendo como las olas lo llevaban cada vez más lejos al pequeño molusco.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados.El gran golpe

Ocurrió hace mucho tiempo. Caminaban con pasos lentos, algunos estaban comiendo, otros parados mirando aquí y allá. No comprendían a ese cielo amenazante, menos comprendían ni veían esa cosa que se acercaba a una velocidad incomprensible.
De repente el gran golpe y el estruendo que hizo vibrar toda la tierra. Casi todos murieron. Desde entonces, comenzaron a desaparecer.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados.La decisión

- Quiero decirte algo…
- Ahora…ya es tarde.
- Pero…
Ella se dio vuelta y se durmió. El quedó despierto a su lado, mirando su silueta en la penumbra. Luego de unos instantes (minutos?... horas?), con la angustia atenazándole el cuello, se animó y tomó la decisión.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados.Confesión

- Padre...he pecado.
- Cual es el pecado hija?
- He sido infiel.
- Has caído en la tentación...
- Si padre.
- Te arrepientes?
- No.
- Se lo has confesado a él?
- No
- Piensas decírselo?
- No, porque me matará.
- Te absuelvo.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados.Protesta sofocada (en tiempos de la 2da. invasión a Irak)

Ante la mirada atenta de los guardianes, un fanático islámico se pone a despotricar desaforadamente frente a la Casa Blanca, despotrica contra Bush, su política y la invasión iraquí. Permanentemente invoca a Alá y en un momento se rocía el cuerpo con nafta y se prende fuego transformándose en un verdadero bonzo; por suerte el episodio es sofocado rápidamente. Unos certeros disparos de los guardias, con sus M-16, terminan con el despotrique y el sufrimiento.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados.
Respeto y libertad (En la prisión de Bagdag – Setiembre de 2004)

Un grupo marines se encuentran abocados a entretenerse y matar el tiempo, en la gris y maloliente prisión de Bagdag. Han creído oportuno en esta ocasión, utilizar a los prisioneros iraquíes como objetos lúdicos. Para ello, sacan al pasillo a unos doce o quince desdichados y los hacen desnudar. Seguidamente comienzan por ordenar la realización de los más aberrantes actos sadismo, violación y humillación entre ellos mismos. La variedad de la serie de cuadros es inimaginable.
Mientras transcurre el entretenimiento, la televisión muestra el noticiero de la CNN donde el Comisario del Planeta, George Bush, arenga a sus seguidores en plena campaña política. Les habla de la importancia y valor de la libertad, y del irrestricto sometimiento a las leyes y a la defensa de los derechos humanos. Cada tanto alguno de los divertidos soldados, aprueba y vitorea las palabras de su presidente, mientras continúan denigrando y sodomizando a esos infelices indefensos.
El caso pronto sale a la luz, y el escándalo se propaga por todo el globo. Preocupado por las encuestas, Bush promete investigar los hechos y castigar a los culpables. Al cabo de unos días, desde el Pentágono se emite una orden al comandante de la prisión. El comandante de la prisión, comunica a los participantes del entretenimiento que han sido hallados culpables, y que el severísimo castigo se cumplirá estrictamente y sin ningún tipo de excepción. Este comprenderá, la suspensión por un mes de la ración de cervezas, la prohibición de mascar chicles mientras patrullan y la drástica restricción de los programas de televisión, incluyendo el del Conejo Bug Bunny y el Pato Lucas. La sociedad norteamericana conforme con la conducta asumida y el manejo de la situación, devuelve la confianza a su presidente haciéndolo subir en las encuestas. América para los americanos y a pelarse.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados.
Matrimonios, locura y muerte II

Dos muertes en una (Bs.As. Febrero 2006)
La mujer es muy joven y hermosa y luego de algún tiempo de noviazgo se casa con el joven y próspero pizzero. El hombre posee inquietantes deseos sexuales, originales deseos que se traducen en la mecánica misma de la actividad, en los insólitos elementos complementarios que utiliza y en la perversidad con que disfruta de esos lujuriosos momentos. Al principio ella ha tomado esto como curiosidades de una nueva relación, y por un tiempo le sigue el juego, hasta que todas esas situaciones limítrofes pasan al campo de la esclavitud, la humillación y el maltrato, un liso y llano sadismo. Apenas llevan tres meses de matrimonio y ella ya no soporta más la situación, para mitigar esa adversidad se ha conseguido un amante, al que le pide colaboración para liquidar al molesto marido. El amante se asusta y rehuye, y entonces decide hacerlo sola. Se acerca el día de los enamorados y ella propone festejarlo sin convencionalismos, y juntos, parten en el auto hacia un muy arbolado y romántico parque donde comienzan el jugueteo y el entrecruce de palabras libidinosas. A continuación y previa utilización de algunos elementos coadyuvantes, se entregan al desenfreno mecánico y natural de una hembra y un macho. Las exigencias de este son irónicamente extremas, quiere más y quiere todo. Así horquetados y enredados y en el instante en que el hombre alcanzaba la cúspide de le petit morte, también le sobreviene una muerte verdadera y grandota; su esposa se hizo de la pistola escondida entre los asientos, y en el abrazo amoroso le ha apoyado el caño debajo del omóplato, desde donde le traza dos senderos mortales. El último y exigente goce del marido ha sido total y profundo, ha logrado reunir dos muertes en el mismo instante. Una pasión así, no podía acabar de otra manera.
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados
Matrimonios, locura y muerte III

"Todo gran amor lleva consigo el cruel pensamiento de dar muerte al objeto del amor, para que así quede ese objeto sustraído, de una vez por todas, al abominable juego del cambio: pues al amor, la mudanza lo horroriza más aún que la aniquilación" F. Nietzsche
Un postre inesperado (Buenos Aires, Noviembre de 2005)
Esta joven pareja ya lleva un buen tiempo de relación y el novio es el más ansioso por casarse; en ella no existe una pizca de ansiedad para concurrir al altar, peor aún, se ha dado cuenta que no lo ama, que ni siquiera lo quiere, y hasta cree percibir que lo detesta. Aún así –con su torpe ceguera- el insiste con la obsesión casamentera y ella no sabe como escabullirse, a menudo suele responder con divagues, con tangentes o haciéndose la distraída. El hombre recurre a cualquier cosa para convencerla, le implora y se denigra, y esta situación le produce lo que a todas las mujeres, una mezcla de asco y lástima. El insiste que teniendo ambos la misma profesión e ideales justicieros, la felicidad está asegurada. Ella acaba de graduarse de oficial de policía y el se encuentra cursando la misma carrera. Poco a poco ella va tomando distancia de la ilusiones de él, y en este, la angustia y la desesperación van tomando cuerpo. Decidido a jugarse su destino de felicidad, piensa en cientos de razones y fundamentos que está seguro la convencerán. La invita a almorzar en un Mac Donald, un lugar que sabe a ella siempre le gustó. Comen y dialogan, y poco a poco el va introduciendo su férrea y fundamentada posición sobre el imperioso casamiento. Poco a poco también, ella va haciéndose fuerte en su posición, absolutamente contraria a las aspiraciones maritales. A la hora de los postres la situación y las posiciones están completamente definidas, y no solo eso, ella afirma que no habrá casamiento y que la relación terminará en ese mismo almuerzo. Con toda la pesadumbre y la angustia de un abandono, contrastando con ese ambiente bullicioso, con niños que brincan y gritan en un pelotero cercano, el hombre no gesticula ni se lo ve nervioso, tampoco levanta la voz, solo levanta su mano derecha empuñando una nueve milímetros y de un balazo manda a su novia al cielo y con otro más, el la acompaña.
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados
Los niños primeros (Irak. En las afueras de Bagdag - Noviembre de 2005)

El Sargento O´Reilly grita furibundas órdenes a los hombres de su pelotón y la cosa no es para menos, se encuentran tratando de controlar una manifestación de los molestos habitantes iraquíes en su propia tierra. Estos salvajes y analfabetos quieren gobernarse, quieren administrar su petróleo, y piden –muy sueltos de cuerpo- que las tropas invasoras abandonen su nación. El pelotón empieza a cazar a los más revoltosos, saltarines y bullangueros, y cumpliendo las órdenes emitidas por su sargento, arrastran de pelos y orejas a los más jóvenes. Atraviesan un portón, y tras un muro, lejos de las miradas curiosas, la emprenden a golpes de garrote, culatazos, trompadas y patadas, a estos aprendices de terroristas, niños de entre diez y doce años. Los bravos soldados se burlan y gritan en ingles, los aterrorizados niños lloran e imploran en iraquí. Es que la educación debe comenzar en la infancia y así lo entienden las tropas británicas. La garroteada es fisgoneada por una cámara indiscreta que revela al mundo el abuso y la crueldad. El comandante sin perder la compostura afirma que debe tratarse de un error, o que en todo caso, el hecho será investigado y que el mundo se quede tranquilo.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados.
Caribe, un paraíso para pocos

Patrañas. De eso se trata esa burda propaganda de diversos organismos sobre nuestras instalaciones, atención y servicios.
Siempre se han tirado en nuestra contra, todos los años con sus patéticos informes de duras críticas, consejos, sugerencias y hasta condenas e intentos de clausura.
Al final siempre la misma cantinela, son todos iguales, la OMS, la ONU, la Cruz Roja Internacional, el Consejo de Seguridad, la Corte de La Haya, pero...quien los conoce?
Hasta han llamado a nuestra institución “la cárcel”. Pamplinas. Aquí en nuestro Parador Caribeño, en este paraíso tropical la atención es de primera, la alimentación y hotelería un verdadero lujo y la seguridad ni le cuento.
El hecho que nuestros pasajeros no vean la luz y el sol, es al solo efecto de evitar lesiones de piel; que a veces se les apliquen diferentes métodos (que algunos llaman de tortura), es al solo fin de perfeccionar nuestros ya avanzados sistemas de inducción a la conversación; que nadie pueda visitarlos?, es cierto, pero para que?, si aquí estamos nosotros para cualquier cosa que necesiten; que no se les permite asesoramiento legal?, por supuesto, bien sabemos todos que los abogados siempre tratan de enredar la cosas para cobrar más.
Guantánamo, un lugar diferente. Base Guantánamo, te espera con los brazos abiertos.
Autor: Hugo Mitoire - Todos los derechos reservados
Londres. Todo bien (A la semana del atentado)

Luego del último atentado en los subtes, las fuerzas de seguridad londinenses recelan de cualquier cosa, cualquier mirada torva, cualquier gesto sorpresivo, como aliarse el pelo o agacharse para atarse los cordones, es altamente sospechoso y el alerta llega al máximo.
En ese tenso panorama aparece este morocho despeinado y de andar despreocupado, que tiene la mala idea de emprender un ligero trote por esa monitoreada vereda. En el acto es rodeado por agentes de Scotland Yard, al mando del valeroso Capitan O´Hara y ocho miembros de su pelotón. Le gritan órdenes en ingles, que el alegre y pintoresco brasileño responde en portugués, con risa nerviosa y alzando sus brazos,
- Tudo beim?
Sin dejar de apuntarle, vuelven a gritarle encolerizados acercándose a menos de dos metros.
- Tudo legal, eu sou um garoto legal... -Dice el carioca, llevando su mano derecha al bolsillo de la camisa para extraer sus documentos.
Ante el criminal e indudable gesto terrorista, el capitán O´Hara grita la clave del procedimiento y los nueve al unísono realizan un disparo de advertencia.
El carioca pega un salto grotesco y cae fulminado con ocho plomos en la cabeza y uno en el pecho.
- All right! – Vocifera el capitán O´Hara y todos enfundan sus armas.
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados.
Sectas y Religiones II

Aleluya (España, Valencia, Febrero, 2006)
El sacerdote ha consagrado su vida al estudio de la religión, ha investigado en profundidad y se ha doctorado en teología. Es un pensador insigne de la Ciudad de Valencia y orgullo de su diócesis.
Ahora escribe regularmente como columnista en la revista Aleluya. En sus profundas meditaciones ha llegado a la conclusión que usar la violencia contra las mujeres es un buen método para educarlas y mantenerlas a raya, “el hombre de por sí es bueno –reflexiona- pero a veces cuando su mujer le habla y le habla, con su afilada y venenosa lengua, no le queda otra que sofocarla con unas buenas trompadas o unos garrotazos”. Ante la ola de críticas y protestas desde los más diversos sectores, agrega sin carraspear, “no solo está bien golpearlas, sino que nadie debiera alarmarse si mueren de la paleadura, ya que las mujeres son las más asesinas, a través del aborto” .
Aleluya padre.
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados.
Sectas y Religiones III

Un obispo soñador (Añatuya, Febrero 2006)
El prelado vuelve a su provincia luego de un congreso en la capital. Viaja en colectivo y en el asiento de al lado, tiene como compañera a una joven y atractiva mujer. En ese largo trayecto y luego de la cena a bordo, se dispone a dormir. La muchacha también hace lo mismo. Ya en los brazos de Morfeo (ojo!, hablo del sueño), la mujer percibe –sin discernir si como percepción onírica o proveniente del mundo real- sensaciones de caricias y roces entre sus piernas. Al cabo de algunos segundos (o minutos) de esas extrañas sensaciones, vuelve al estado de vigilia y comprueba la real realidad, la mano del prelado está entre sus piernas. Luego de la denuncia y del escándalo, el cura se ve obligado a dar explicaciones, no solo a la justicia sino también a la sociedad,
- Yo simplemente... soñaba que acariciaba a mi gato.
Amen.
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservadosSectas y Religiones I
El Banquero de Dios (Italia, Febrero 2006) El Banquero de Dios ha muerto. Ha fallecido a los ochenta y pico Paul Marcinkus, el hombre fuerte de las finanzas del Vaticano. Este hombre que sobrevivió a Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, fue el que manejó todas la finanzas del clerical país. Ha sido hombre de confianza de Paulo VI y de Juan Pablo II, y cabe la pregunta, y no fue también el hombre de confianza de Juan Pablo I? NO. Este papa que solo reinó por treinta y tres días estaba dispuesto a apartarlo de toda relación financiera con la Santa Sede, y que pasó?: se murió. Se murió después de tomar un inocente tecito y no hubo autopsia. Cualquiera puede ilustrase en esto con solo mirar El Padrino III. El autor de este libro acusó a Marcinkus de haber asesinado a Juan Pablo I, pero nada se investigó y todo quedó sepultado sin el menor cuestionamiento. En los ochenta cuando quebró el Banco Ambrosiano, cuyo mayor accionista era la Santa Sede, la justicia dictó una orden de detención contra Marcinkus, orden que fue frenada por Juan Pablo II; el banquero también tenía fuertes relaciones con la camorra italiana, con la logia P2, la mafia y el narcotráfico, pero todas estas cuestiones chocaron siempre contra el paraguas protector de la curia.
Ahora que Paul Marcinkus ha muerto nos preguntamos, que dictaminará la justicia divina?, lo ascenderá a los cielos?, o lo mandará derecho a las profundidades infernales del noveno círculo?
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados.
Biografía

El autor soporta estoicamente la sumatoria del paso del tiempo, dos separaciones, tres hijos y periódicos ataques de insomnio y claustrofobia. Casi nada.
Vio la luz en Margarita Belén, Chaco, un Febrero carnestolendo. Su existencia como lactante se desarrolló en Cancha Larga. Vivió hasta que empezó a ser joven, en la polvorienta Aldea de La Leonesa. Tal vez fue esta su etapa más fructífera, ya que se desempeño en múltiples profesiones y oficios, y experimentó cosas que contribuyeron a estigmatizar su alma. Cuando apenas contaba cuatro años, tuvo un episodio de fiebre muy alta que le duró toda una noche, algunos familiares y vecinos vaticinaron que quedaría medio tonto. A los 6 años fue operado de peritonitis apendicular y casi murió. Siendo un párvulo aún de 7 años, intentó ejercer como lustrabotas, profesión que le fue impedida por su padre. A los ocho años (durante sus más felices vacaciones de verano) se desempeñó como ordeñador de vacas en el campo de su primo Sergio, en el paraje Cancha Larga, complementando esa función como asistente de aquel en el reparto del lácteo líquido, tarea que llevaban a cabo en sulky. Escuchaba a los Rolling Stones. En la panadería de su abuelo aprendió con éste, la magia de hacer el pan. Cumplió temporariamente funciones como, canillita, vendedor de tomates y pimientos, repartidor de soda y ayudante de su padre como agricultor en las plantaciones de tabaco. Fue auxiliar de éste también, en el pequeño trapiche -propiedad del progenitor- "La Morenita", donde se elaboraba rica miel de caña y en la que oficiaba de encorchador, sellador y etiquetador de las botellas. Ejerció el arte de cosechero de algodón, y circunstancialmente se desempeñó como carpidor. Fue conminado a concurrir a catequesis y a tomar la comunión, hechos a los que se resistió tenazmente, hasta que su abuelita materna lo amenazó con no hacerle más los ricos budines de pan, amenaza esta que logró disuadirlo. Con excelentes notas obtuvo el título de Dactilógrafo Profesional, en la célebre Academia de Dactilografía “Tejerina Hnas”. Entrando ya en la adolescencia, asumió tareas y funciones más complejas.
Fue tractorista, y supo manejar el arado mancera y la rastra de dientes. Tuvo buen desempeño en la doma de terneros. Era un experimentado arriero. Creía en la luz mala, los fantasmas y aparecidos.
Intentó incursionar en la música y el canto, y fue un fracaso. Para superar este trance se hizo dis-jockey. Aficionado al metegol y el ajedrez, no logró brillar en el deporte. Siguiendo los pasos de su tío Aldo y su primo Sergio, acompañó a estos en un curso nocturno de motores diesel y a explosión, donde adquirió los conocimientos necesarios para desentrañar los misterios de la carburación, la chispa y el cigüeñal. Sus pasatiempos preferidos por ese entonces, andar en su bicicleta de piñón fijo y pescar en el Río Guaycurú. Solía filosofar con otros espíritus vagabundos sentados en algún murito de alguna esquina. Le gustaba imaginar. Disfrutó de abuelos, padres, tíos, padrinos, primos, hermanos, y compañeros de la escuela. Tuvo amigos, y conoció el amor y la melancolía una noche de Carnaval. Tenía un amigo del alma, su primo Sergio.
Era feliz.
Con mucho pesar y tristeza debió abandonar esta existencia a los dieciocho años, para marchar a Corrientes donde estudió y se graduó a los veinticuatro, de Medico Cirujano. Padeció el Servicio Militar y otros amores. Se especializó en Cirugía General y en Medicina del Trabajo. Escribió algunos artículos sobre cirugía digestiva y videolaparoscópica. Colaboró en trabajos científicos en el área de genética y biología molecular. Fue Cirujano de Urgencia.
Ejerció la docencia universitaria durante dieciséis años, en las Cátedras de Bioquímica y Cirugía, en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Nordeste, alcanzando el cargo de Profesor Adjunto.
Conoció la tragedia con la muerte de su primo.
A los 36 años, se radicó en Oberá, Misiones, donde vive actualmente y sigue escuchando a los Rolling Stones.
A la fecha y contando desde abandonó el vientre materno, ha padecido veintisiete mudanzas, lo que en la escala de la condición humana equivalen a nueve incendios.
Seguramente cuando complete otros dieciocho años en esta ciudad y en virtud de una inescrutable directiva, la abandonará con rumbo incierto.
Luego de veintidós años dedicados a la medicina y la cirugía, abandonó la profesión y la especialidad, como se abandona a una novia a quien no se desea más, deslumbrado y obsesionado tal vez, por dos amantes que conoció, una en la infancia y otra más tarde, la lectura y la escritura.
Al filo de la quinta década, y para escapar a la depresión por el vertiginoso avance los años, se comrpó una moto. El perdurable y obsesivo deseo, por ese ansiado objeto, lo tenía a mal traer desde los catorce años. Ahora, el conflicto se ha resuelto y el tipo se siente más joven.
Mientras tanto, ha vuelto a otro viejo amor, la docencia Universitaria, y ha escrito cinco libros. Es columnista de un semanario, ha hecho un poco de radio e insiste con que los Rolling Stones vuelvan por cuarta vez.
Y así la va llevando.
Matrimonios, locura y muerte I

Los chicos vienen conmigo (Córdoba, Febrero 2006)
Hace cuatro años que la convivencia ya resulta insoportable. Las amenazas, el mal trato y la violencia de su policial marido han llegado a un punto de convertir la casa en un infierno, un padecimiento permanente y opresivo. Con sus mejores palabras trata de hacerle entender que la separación es lo mejor que pueden hacer, él reacciona con violencia y luego de una buena paliza le advierte que si lo deja, la matará. La mujer aguanta un poco más y finalmente se va de la casa. Sus cuatro hijos influenciados y coaccionados por el padre, convencen a su madre de que vuelva al hogar y ella vuelve.
Así transcurre el tiempo de casi quince años de vida matrimonial, y el único cambio evidente, es la mayor violencia y maltrato del marido hacia su esposa. Las amenazas ya llegan a concretarse con armas de fuego y la mujer lo denuncia, la policía interpreta esto como una exageración histérica tan habitual en las mujeres y no la escuchan, no la toman en cuenta y ni siquiera le toman la denuncia. Finalmente ella se va con sus hijos, y estos ya tienen claro la bestia que poseen como padre, padre que ni siquiera les ha dado su apellido. Aún así, la bondad de madre acepta que sus hijos visiten al padre, casi insiste en que lo hagan. Y así en una de estas visitas, el hombre decide aplicarle máximo castigo que pueda concebirse hacia una madre y con total resolución, ejecuta la pena. Uno a uno fusila a sus hijos con su arma reglamentaria y luego se fusila a sí mismo. A la madre le han arrancado el alma y el corazón, pero la policía asegura...investigará el hecho.
Autor: Hugo Mitoire – Todos los derechos reservados

